Ciudad Lineal
Más que un concepto urbanístico, un estilo de vidaVilla Rosario
Una casa para don Celedonio de la Torre y de la Torre
David Miguel Sánchez Fernández
Tal vez, el haber crecido entre las ruinas de la Ciudad Lineal, fue el motivo que le impulsó a indagar en archivos y bibliotecas y, tras años de investigación reconstruir parte del gran puzle lineal y publicar “Un paseo por la Ciudad Lineal” (2010).
Corrían los primeros años del siglo XX, cuando el empresario don Celedonio de la Torre y de la Torre, adquirió un terreno de 1600 metros cuadrados a la Compañía Madrileña de Urbanización.
El solar adquirido correspondía a los lotes A, B, 3 y 4, de la manzana n.º 93, una de las amplias esquinas entre las calles principal de Arturo Soria y Fernández Caro.
Años antes de la construcción de la casa principal, en la primera década del nuevo siglo, el recinto fue cercado, levantándose en el ángulo interior de la parcela una caseta destinada a cuadras y almacén con acceso desde la calle lateral de Fernández Caro.
Poco después, y apoyada sobre el muro de cerramiento lateral, se construyó la que sería la primitiva vivienda de recreo de la familia de la Torre, conocida como Villa Rosario, en honor a la esposa de este, doña Rosario Azorín.
Con orientación sur y de estilo neomudéjar, estaba compuesta de dos dormitorios, sala, cocina y un retrete anexo. Destacaba su gracioso porche de hierro y cristal prensado sobre su puerta de entrada, que tamizaba los rayos del sol. Con los años y tras la construcción del edificio principal, esta pasaría a ser la casa de servicio
Diversos mapas de la compañía donde se ve la evolución de las edificaciones.
Planta y alzado aproximado de la vivienda original.
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La construcción de la casa principal fue encargada a uno de los más famosos arquitectos de la compañía, don Benito Guitart y Trulls hacia 1915, artífice de decenas de edificios de la urbanización, incluidos el colegio para Huérfanos de la Armada, o parte de la estructura del teatro y parque de diversiones.
La nueva edificación, catalogada como vivienda burguesa, era de pequeñas dimensiones. Se levantó a unos 12 metros de la línea de fachada principal, en dos plantas, más sótano y torreón. La construcción se realizó en ladrillo macizo en fachadas y traviesas, revestidas al exterior con enfoscado y revoco de cemento, y al interior guarnecidas en yeso negro y tendidas en blanco. Los tabiques de distribución interior serían de ladrillo pardo, tendidos también guarnecidos y blanqueados.
Los forjados de los pisos, se realizaron con vigas de hierro con forma de doble “T”, con forjado de bovedilla y tableros de rasilla y yeso, solados de baldosín hidráulico o pavimentados con maderas nobles, dependiendo el destino de la dependencia.
Para acceder a la planta baja, de una superficie aproximada de 88 metros cuadrados, teníamos que atravesar un pequeño porche precedido de una escalinata con tres peldaños y visera de hierro y cristal prensado, de estilo modernista. La puerta, de madera y dos hojas, pintada al oleo en blanco, daba acceso a un pequeño hall, desde donde se podía acceder al salón o al distribuidor principal, donde estaba la escalera. Los techos eran muy altos con molduras de escayola y florones, los suelos de baldosín hidráulico imitación de mosaicos, y las ventanas decoradas con carpinterías de madera, pintadas al óleo, con vidrieras de cristal prensado.
El comedor en forma de “L”, era la pieza más grande de la casa, aunque originalmente se había diseñado como dos dependencias, finalmente se convirtió en esta. Tenía muchísima luz natural gracias a los tres huecos con vistas al jardín. En uno de sus rincones, una chimenea de mármol marrón, convertía a esta estancia en una de las más agradables de toda la vivienda.
El distribuidor, estaba sobriamente engalanado con la artística barandilla de hierro de su escalera pintada en blanco, de la que resaltaba su pasamanos de nogal pulimentado, que, en forma curvada, ascendía hasta la primera planta. A la mitad de su recorrido, dos vanos rasgados con vidrieras, que inundaba con la luz del atardecer la estancia.
Frente a la escalera estaba el comedor, al que nos daba paso una puerta de cuatro hojas completamente abatibles. Frente a esta, una amplia ventana con vistas al jardín, que quedaba completamente enfrentada al camino que conducía desde la puerta de entrada a la finca hasta la casa. Los suelos del comedor eran de imitación de mosaicos, y sus techos estaban decorados con florón y escofias de escayola.
En el otro extremo del distribuidor existía una puerta de acceso a la cocina. Esta era muy amplia, con pila fregadero de mármol y una potente cocina económica de hierro fundido con termosifón para agua caliente sanitaria. En esta estancia había una ventana y una puerta de acceso lateral al jardín, que daba acceso a una amplia terraza solada de baldosas y sobre la que se tendía un tupido emparrado.
En uno de los laterales de la cocina había una puerta de paso a un pequeño corredor donde se encontraba un aseo y una trampilla de madera de acceso al sótano. En el se había instalado una potente caldera de calefacción, quedando además espacio para trastero y almacenaje de leña y carbón. El sótano tenía un pequeño tragaluz que daba a la parte posterior de la casa, que además servía de acceso para la descarga del material de combustión de la caldera. Volviendo al distribuidor principal, podíamos acceder hasta la planta primera, continuando la escalera de idéntica forma, un tramo más hasta la planta segunda.
En el primer piso un vestíbulo daba el acceso a los tres dormitorios de esta planta, dos de ellos más pequeños y un tercero, que se situaba sobre el salón, el denominado principal con dos balcones y unas preciosas vistas a la calle de Arturo Soria. Contaba además este dormitorio con un tocador-gabinete-vestidor anexo a uno de sus lados.
Existía además en esta planta un fantástico cuarto de baño, con todos los servicios higiénicos del momento, retrete, lavabo, bañera de hierro fundido y bidé.
Como hemos mencionado anteriormente, la escalera seguía subiendo una planta más hasta llegar a la planta segunda, donde había otro distribuidor con dos puertas, una de paso a un amplio gabinete, y otra de salida a una azotea de orientación sur, que estaba solada con baldosín rojo de Ariza. La cubierta del resto del edificio se había realizado con entramados de madera sobre los que se había instalado teja plana. El tejado estaba coronado por un alto pararrayos, y tenía canalones y desagües vistos de zinc.
Para su exterior se eligió un tipo de decoración muy en boga en ese momento, con esgrafiados florales modernistas sobre puertas y ventanas de todo el piso superior, coloreados en rojo burdeos, que resaltaban sobre el beige de sus fachadas. Poseía, además, todas las contraventanas de hierro pintadas al oleo en color blanco.
Se realizó una atajea de desagüe hasta un pozo negro situado en la parte posterior de la parcela. Se construyó además un pequeño estanque, y se decoró con arbustos y enredaderas los parterres y caminos de la finca. Se plantaron decenas de árboles, en la parte delantera cuatro preciosos pinos daban sobra al amanecer, y en la trasera una treintena de álamos formaban un tupido bosque.
La finca se había cercado con una alta tapia en tres de sus caras, construyéndose en la principal un cerramiento de ladrillo visto con abultados y altos machones rematados con pilastras. Sobre este, una robusta y cara reja de hierro con una puerta de dos hojas en su centro, sobre la que se colocó un cartel troquelado en el que se podía leer claramente “Villa Rosario”
La casa, encargada a la compañía estuvo finalizada en 1916, y hasta allí se trasladaba don Celedonio con su familia por temporadas, teniendo este su residencia habitual en la calle de la Reina n.º 3 o de Gómez Barquero, según la época, situada sobre su establecimiento de venta e instalación de material eléctrico, llamado “La Torre Magnética.” De hecho, en la revista “La Ciudad Lineal”, apareció en varios números publicidad relativa a este negocio, dándose los avisos en la propia finca Villa Rosario, manzana 93, Arturo Soria 420.
Si no hubiese sido por un suceso acaecido el 29 de enero de 1933, la historia del anciano de 65 años, don Celedonio hubiese pasado inadvertida, pero al parecer, un altercado con el hermano de una mujer con la que mantenía relaciones hacía años, desembocó en un final catastrófico.
Según estos recortes de prensa, don Celedonio era viudo y su amante, doña Elvira Morente mantenía relaciones con él desde hacía casi 20 años, por lo que suponemos, doña Rosario no llegó a ver terminada obra, o murió poco después de la finalización de la casa.
Tras el incidente, la propiedad se mantuvo cerrada algunos años, durante los cuales las disputas por la herencia de don Celedonio no llegaban a buen puerto. Desconocemos si la venta se realizaría antes o después de la contienda, lo que sí que está claro, es que la finca pasó a manos de don Antonio Sagrario Rocafort, un joven e ilustrado ingeniero de telecomunicaciones, que muy posiblemente conociese a don Celedonio, ya que ambos se dedicaban al próspero e incipiente campo de la electricidad y radiotelegrafía. Don Antonio, que vivía con su familia en la preciosa finca, era un vecino cordial, muchos de los antiguos moradores de la zona le recuerdan, a él y a sus hijos, en especial a su hija Silvia, que acudía a un colegio cercano.
La casa siguió en pie años y años demostrando su perfección, aunque el paso del tiempo la iban convirtiendo en un edificio sombrío y triste.
En los años 70, concretamente en 1973, la finca e incluso el interior de la casa, sirvió de plató de rodaje para una película de Juan Antonio Bardem, protagonizada por Pepa Flores (Marisol), en su época adulta, llamada “El Poder del Deseo”. En la cinta podemos contemplar la entrada a la vivienda, las escaleras y diversas dependencias.
Un fotograma de la cinta “El Poder del Deseo”
Diferentes aspectos de Villa Rosario en su última etapa habitada, años 90
Cuatro vistas aéreas de la finca en 1976, 1983, 1995 y 1999
Con el paso de los años todas sus vecinas sucumbieron a la especulación, pero Villa Rosario seguía en pie como escapada de otra época. En los años 90 aún vivían sus propietarios en ella y por las noches todavía se podía ver una lucecita anaranjada en el comedor y su chimenea humeante.
A finales de los 90, y tras la muerte del insigne señor don Antonio Sagrario Rocafort que llegó a ser doctor ingeniero de la Escuela Superior Técnica de Ingenieros de Telecomunicación y jefe de misión de UIT, Unesco y del Fondo Especial de Naciones Unidas, y su esposa doña Elena Terrón, la propiedad fue vendida a la inmobiliaria Hercesa, que proyectaba la construcción de viviendas de lujo en el solar. Durante este trance de legalización de permisos la casa quedó expuesta a los vándalos y personas sin hogar, que destruyeron la vivienda en escasos tres meses.
Sus cristales fueron rompiéndose paulatinamente, incluso con los cortinajes aún puestos; puertas y ventanas fueron arrancadas de sus marcos, y el mobiliario que se conservaba en su interior fue destruido y quemado. En el salón, la hoguera que se había hecho era tan grande, que incluso las paredes y parte del techo se habían desplomado. Sus tuberías, canalizaciones, contraventanas y demás objetos metálicos fueron sustraídos, lo que hacía presagiar su inminente final.
Días antes de que se tomaran cartas en el asunto se realizó nuevamente una grabación en la vivienda, en este caso, para una serie policiaca, donde, incluso se simulaba un incendio que la destruía por completo.
A pesar de que el inmueble contaba con cierto grado de protección parcial, reseñado en el catálogo de edificios protegidos de 1997, no fue suficiente, y hubo que sumar las denuncias vecinales y privadas acerca de lo que estaba ocurriendo con el inmueble, lo que supuso una traba para la concesión de la licencia de demolición, por lo que finalmente, y ya en un estado de ruina total, la empresa decidió modificar sus planes, y rediseñar el proyecto, incluyendo la antigua vivienda como parte del nuevo conjunto.
La finca fue completamente deforestada, salvando únicamente cuatro o cinco árboles, entre ellos, dos de los pinos de la entrada. La casa de servicio, el garaje e incluso un inmueble anexo construido en los 70 fueron derribados, yéndose con ellos la alameda completa de la parte trasera.
Tres imágenes del siniestro aspecto que presentaba la vivienda a principios del año 2000. Fachada, vestíbulo de entrada y escaleras
La entrada trasera de la cocina y la pequeña terraza que se formaba a sus pies.
El interior del garaje donde se mantuvo hasta los últimos días un Renault Dauphine.
Finalmente, la casa fue rodeada de andamios por completo y quedó envuelta como un regalo a la espera del día de la celebración. El terreno se dividió en dos partes, la trasera sería ocupada por un alto edificio de apartamentos de color beige, y la parte delantera, quedaría intacta, con la vivienda original, su jardín perfectamente acondicionado con grandes zonas verdes y una iluminación espectacular. Por la otra parte, el cerramiento original a la calle de Arturo Soria fue derribado y se reconstruyó, siguiendo el mismo patrón utilizado por la compañía 85 años atrás, restaurando por completo la forja original, salvo el cartel metálico de la entrada, único recuerdo de doña Rosario Azorín.
La casa, fue completamente restaurada desde la cimentación hasta el pararrayos. Interiormente fue restructurada, convirtiéndose en despachos y salas de reuniones.
El actual número 65 de Arturo Soria se convirtió en emblema y estandarte de la compañía constructora, trasladando hasta aquí su sede central de Madrid. En la entrada colocaron un gran cartel publicitario con el nombre de la constructora en soporte translucido, y una placa junto a su puerta, en la que se redacta el siguiente texto:
Villa Rosario en 2022 mientras estaba ocupada por la embajada China.
Un aspecto de una de las rutas guiadas frente al edificio, claro ejemplo de la Ciudad Lineal.
El edificio en la actualidad con el cartel de “SE VENDE”
Entre 2019 y 2020 Hercesa desocupó el edificio y pasó a convertirse en la oficina de turismo de la Embajada China en España, manteniendo el edificio en idéntica fisonomía y forma a la que tenía anteriormente.
En la actualidad el edificio está desocupado y en venta. ¿Cuál será su siguiente destino? ¿Quizás un museo para La Ciudad Lineal?
David Miguel Sánchez Fernández
Consideraciones de la Asociación Cultural Legado Arturo Soria
De nuevo el artículo de investigación de David Sánchez Fernández, pone de manifiesto como la historia siempre nos puede sorprender, de la importancia que tiene preservar estos vestigios arquitectónicos, de los pocos ejemplos de “modernismo” que quedan en Madrid. Entre todos podemos dar nuevas oportunidades o aportar soluciones para no borrar de forma irreparable una parte de nuestra historia.
Somos conscientes de que las ciudades se transforman, pero no necesariamente todo tiene que sucumbir para dar paso a casas idénticas, passivhaus o hacer desaparecer la teja y el ladrillo. Saber dar nuevos usos de forma inteligente como hizo Hercesa, al escuchar a los vecinos que se resistían a la desaparición de esta villa tan singular, algo que cambiaría para siempre el espacio. Con la extraordinaria rehabilitación que hicieron, no sólo devolvieron el brillo al hotelito construido por Benito Guitart, al rescatarlo del abandono y la inminente ruina, también supieron ganar en notoriedad al tiempo que beneficio por el alquiler de los apartamentos y del hotel. Con una placa homenaje llena de complicidad con la CMU de Arturo Soria, es un regalo para el paseante y un reclamo para el artista. Nos encantaría poner nombres a quienes obraron con tanta sabiduría y acierto.
Recapacitar y brindar estos espacios como lugares para el arte, para el estudio, para la música, galerías de arte, tertulias literarias o como Museo de la Ciudad Lineal o como Observatorio de urbanismo son algunas de nuestras propuestas.
El reconocer nuestros entornos, repercute en nuestras capacidades cognitivas, en nuestra salud, el arraigo y pertenencia. Cuando cuidamos la Ciudad Lineal ella como un organismo vivo nos lo devuelve exponencialmente.
Arturo Soria la concebía como si fuese su hija, “la ciudad ideal”, “la ciudad del porvenir” y Villa Rosario forma parte de ese conjunto único.
¿Sería una locura si los vecinos fuésemos sus propietarios?
Bibliografía
Archivo de Villa de Madrid:
- Construcción de un cobertizo y cerramiento. 16/09/1907 AVM SEC – 70 – 191 – 6
- Construcción de un hotel de dos pisos. 28/05/1915 AVM SEC – 70 – 192 – 17
BNE y Archivo de Prensa Histórica de la CAM:
- Madrid. Sábado 9 de noviembre de 1991
- Madrid. Jueves 30 de noviembre de 1933
- Boletín oficial de la propiedad Industrial n. 1147 pag 154. 1934
- EL SOL. Madrid. Jueves 30 de noviembre de 1933
- LA LIBERTAD. Madrid. Jueves 30 de noviembre de 1933
- LA VOZ. Madrid. Miércoles 29 de noviembre de 1933
- Boletín Oficial de la Provincia de Madrid. nº 40 jueves 15 de febrero de 1934
- Boletín Oficial de la Provincia de Madrid nº 145 miércoles 17 de junio de 1936
Fotogramas de la película “El poder del deseo” 1975 dirigida por Juan Antonio Barden.
Planos Compañía Madrileña de Urbanización.
Catálogo de edificios protegidos del Ayuntamiento de Madrid.
GEOPORTAL del Ayuntamiento de Madrid.
Especial agradecimiento a Ricardo Márquez Ruiz por su colaboración, y a Jaime G. Panadero y Pepa Parrilla. por las imágenes cedidas.
































Estupendo artículo de «Villa Rosario» lleno de historia y de vivencias de sus moradores. Te felicito David porque nos cuentas todo lo posible por una casa. Mi enhorabuena.
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Lola García
Muchas gracias por tu comentario Lola. Villa Rosario siempre me despertó cierto interés e intriga. La verdad es que ni yo mismo pensaba encontrar tantos datos sobre este edificio. Me encantaría poder terminar esta historia con un final feliz, sea cual sea que perpetúe la existencia de este magnífico edificio, símbolo vivo de nuestra Ciudad Lineal.
Estupendo artículo. Fui una de las vecinas que protestó, pero desconocía la historia de Don Celedonio. Ojalá tenga un bue destino cultural para el barrio.
Como siempre estupendo artículo, David!! Muy interesante y una labor de investigación increible.
La verdad es que la historia de la Ciudad Lineal es fascinante, une la parte arquitectónica y urbanística con crimenes y películas, en este y en otros casos. Ojalá se pudieta instar allí el Museo. Enhorabuena David!!