Arturo Soria

Del inventor al urbanista

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Mi última voluntad

Datos biográficos

Publicado en la revista de la Ciudad Lineal nº712 10/01/1921

El estudiante y el conspirador:

Sus primeros años. — Sus estudios. — El primer desengaño. Sus primeros amores. – Sus primeros empleos.

En la madrileña rúa del Caballero de Gracia, nació don Arturo Soria y Mata el día 15 de diciembre de 1844. De familia muy modesta; fue su padre, un aragonés muy liberal, que ya en su pueblo Bijuesca (Zaragoza), había vestido el uniforme de miliciano. Transcurrió su adolescencia al lado de su madre y hermanas revelando felices disposiciones para el estudio. Concluido el bachillerato y dadas sus aficiones y natural inclinación para el cultivo de las ciencias, y especialmente de la matemática, pensaron sus familiares dedicarle a la ingeniería.

Para ello entró en la academia preparatoria que al final de la calle del Prado, dirigía D. Manuel Becerra, personaje célebre después como político liberal, publicista notable y ministro de Ultramar. El joven Soria, llegó a ocupar el primer puesto en aquella academia, no solo como distinción de sus profesores, sino, lo que es más raro, por el asenso de sus condiscípulos. Esperaban todos como resultado indudable de su talento y aplicación, que obtuviera el número uno en los exámenes de ingreso en la Escuela de Caminos.

Llegó el día de los exámenes. Su ingenua mocedad quedó sorprendida con el primer desengaño, tal vez el más doloroso de su después trabajada y accidentada vida. Hizo un buen examen, pero al final del ejercicio, uno de los tres examinadores preguntó al opositor por la ecuación de los diámetros conjugados de la elipse.

Partida Bautismal de Arturo Soria y Mata

Separándose del procedimiento clásico de los textos oficiales, aventuró un desarrollo nuevo, inspiración del momento, y que revelaba su gran preparación en la geometría analítica. Negó el examinador la posibilidad, pero el joven Soria, sin titubear, hizo la demostración en el encerado.

El examinador, vencido, no pudo ocultar de momento, con su acritud, la contrariedad que le producía su derrota, y sin perdonar la herida de amor propio, la vengó negando a Arturo Soria el ingreso en la Escuela de Ingenieros, a pesar de estimar lo contrario los otros examinadores y el público de alumnos y profesores que presenció el ejercicio, como lo prueba el anuncio del Sr. Becerra, que en la noche de aquel día, y en el café del Siglo de la calle Mayor, comunicó al interesado: —Fulano, uno de los examinadores, amigo mío, me ha dicho que ha estado usted muy bien, y que si no le dan el número uno, del tres no ha de bajar. ¡Que sea enhorabuena, pollo!

No sucedió así. Aquella primera contrariedad de su vida, le produjo una enfermedad. Inexperto, dedicado por completo al estudio, jamás se había separado del regazo maternal. Tenía fe en la justicia y suponía su alma pura un sentido recto en las decisiones humanas, despertó el rebelde contra la rutina, la iniquidad y el favor, y quién sabe si entonces surgió el luchador, el inventor, el descubridor, la individualidad fuerte y entera, que confiada en sí misma, había de destacarse sobre la patulea gregaria.

 Rugía entonces sorda e irritada la protesta contra tiránicas instituciones. Apenas si lo advertía el joven Soria distribuía sus horas entre su cuarto de estudio en la casa que habitaba en la calle llamada hoy de Arrieta. y las salas de la Biblioteca Nacional entonces establecida en la misma calle. Aquel contratiempo le hizo percibir el clamor popular, comprendió su justicia y con la fe y entusiasmo de sus años mozos. abrazó la causa de la Democracia y de la Libertad.

 La maternal solicitud le empujaba a buscar un porvenir burocrático. Su juventud le mostraba más fácil y risueño el camino de la vida libre de ligaduras. Hijo cariñoso, se prestó a presentarse a cuantas oposiciones surgieran, y prepararse para la Escuela del Catastro y para Telégrafos; ganó plaza en este Cuerpo, y a poco murió su madre (17 de julio de 1864). Destinado a Santander, pronto volvió a Madrid para mejor prepararse para los exámenes de la Escuela del Catastro, entretanto se acogió a un destino en las oficinas de estadística del ferrocarril del Mediodía. Ingresó en dicha Escuela, sin que lo estorbara una nueva audacia cometida al examinarse. Atrevidamente expuso una teoría, poco conocida, al contestar a una pregunta de Algebra acerca de la teoría de los determinantes. Sabía por el librero que era el único comprador de la obra en que se desarrollaba aquel problema por un nuevo procedimiento matemático.

Cultivaba por aquel entonces, la amistad de don Manuel Becerra y de su esposa doña María Ortíz, tan revolucionaria o más que su marido. Con el matrimonio y sus amigos conspiraba incesantemente contra aquellos gobiernos isabelinos, a la vez que asistía a la Escuela del Catastro y ganaba para vivir explicando matemáticas Asistía al gimnasio de la calle de la Cueva (hoy del marqués de Leganés), centro deportivo y a veces de conspiración: y en las altas horas de la noche a la imprenta de la Plaza de Isabel II con su íntimo amigo Felipe Ducazcal, éste de cajista y Soria de mozo de imprenta, tiraban las proclamas revolucionarias que escribían los hermanos Merelo, que han muerto de general, uno, y el otro de catedrático. Todavía le sobraba tiempo para acudir a la Biblioteca Nacional y leer los -Anales de la Academia de Ciencias de París-. en las que la lectura de una memoria del matemático Cauchy, acerca de las cinco clases de poliedros, le sugirió sus descubrimientos posteriores acerca del origen poliédrico de las especies, y los poliedros de su invención.

Vivía por aquellos días el audaz revolucionario en un entresuelo del número 13 de la calle de Cedaceros con su hermana mayor, Carolina, esposa del marqués de Santiago. jefe que era de Alabarderos. Su caballerosa educación y su fe juvenil le guiaron discretamente entre el respeto familiar y el amor encendido a los idéales.

De sus labios hemos oído muchas veces el relato de los sucesos ocurridos el 22 de julio de 1866. En un libro suyo inédito, el último, tal vez aquel en que pensaba colgar la trabajada péñola, aún galana y fácil, describe aquél trágico día. Tentaciones nos acometen de copiar el sencillo relato de efemérides tan sangrientas y tan señaladas en los anales liberales de nuestra patria, sobre todo por su originalidad y sencillez en las descripciones, muy diferente de otras conocidas crónicas, y de modo especial de aquella del que fue después cuñado suyo, el ilustre periodista Eusebio Blasco. Entonces no se conocían, aunque los dos aquel día combatieran por la causa de la libertad.

Después de la derrota hubo de emplearse, obedeciendo a sus jefes revolucionarios, en salvar a los comprometidos de aquella conspiración. Muchos de ellos pasaron la frontera disfrazados de fogoneros por las líneas del ferrocarril del Norte. Entre los salvados por Soria, figuró el después general Loño, ministro del nieto de la que intentó derribar de su trono.

Terminados sus estudios en la Escuela del Catastro, fue destinado al pueblo de Navalcarnero para hacer prácticas de triangulación y de geodesia; y después pasó al levantamiento del plano de la Granja, como auxiliar de la brigada de los trabajos topográficos.

Su actuación revolucionaria quedó reducida a recibir por correo la correspondencia que le enviaban los emigrados desde Ostende, París y Londres, y que luego distribuía una criada de Becerra, que nominalmente quedó al cuidado de la casa del célebre progresista, entonces en la Plaza del Cordón. Librose aquella correspondencia de la vigilante requisa de los censores del gabinete negro, gracias, sin duda, al poco conocido destinatario, su modesto empleo científico-burocrático y su residencia en un Sitio Real, y es indudable que aquella discreta correspondencia, mantuvo la cohesión entre los conspiradores, y facilitó en buena parte el triunfo de la Revolución.

El hombre público.

Gobiernos de Lérida, Orense y Coruña.—Reprime una insurrección. En las Antillas.—La trata de negros. Diputado a Cortes.—Los telegrafistas.

Gobierno Provisional, 1869: Figuerola, Sagasta, Ruiz Zorrilla, Prim, Serrano, Topete, López Ayala, Romero Ortiz y Lorenzana.

Foto: Jean Laurent

Por fin llegó el ansiado momento. Conocido el triunfo el 29 de Septiembre de 1868 en la antigua corte, de los generales revolucionarios, el pueblo madrileño se desborda por las calles jubiloso. Vítores, aplausos, entusiasmo. Letreros injuriosos para la dinastía vencida, llenan las paredes de los edificios públicos. Oradores populares desde tribunas improvisadas, enloquecen con sus arengas a la multitud. Músicas patrióticas recorren las calles ejecutando himnos liberales. No está aún contento el demócrata Soria. Quiere una realidad más tangible. Un asiento más poderoso para las nuevas instituciones piensa en la República como única forma posible que constituya la garantía de la Libertad y de la Democracia, la copa apropiada para contener las divinas esencias.

Del libro inédito ya citado, encontrado entre sus Íntimos papeles, leemos:

«En qué espantosa minoría estábamos los republicanos, que por aquellos días nos llamábamos demócratas lo demuestran dos hechos. Don Nicolás Estébanez refiere en uno de sus chispeantes artículos, que a sus ¡viva la República! no contestaba nadie. »

«Lo mismo me aconteció a mí en el café de la calle de Alcalá frente al famoso letrero, en la calle y en la Puerta del Sol cuando el gran tenor Tamberlik en medio de una fila de patriotas cantaba con más entusiasmo que en el Teatro Real, las frases adecuadas a las circunstancias, de los «Hugonotes»: mis vivas a la República no obtuvieron el eco de una sola contestación».

En noviembre de aquel año fue Soria a Lérida de secretario de aquel Gobierno Civil. Con el mismo cargo pasó a Orense en febrero del año siguiente. El 2 de octubre del 69 surgió el levantamiento federal en aquella capital gallega. Preso el gobernador y las demás autoridades civiles y militares, salvose él de la captura gracias a su arrojo y temeridad. En pocas horas pudo recoger a algunas de las fuerzas de civiles dispersas por aquella campiña, y desde un pueblecillo inmediato, San Ciprián das Viñas, disponer la resistencia, hacer huir a los revoltosos y que repasaran la frontera inmediata, impedir que se llevaran 50.000 duros que había en la Administración, restablecer el orden, y evitando que el movimiento revolucionario se propagase al resto de Galicia, prestó un gran servicio a la Libertad, que entonces pugnaba por afirmarse contra las maquinaciones reaccionarias y las inquietudes de los impacientes. Fue Gobernador interino de Orense hasta el 27 de Marzo de 1870, que fue trasladado a la Secretaría del Gobierno de la Coruña

Premió tan buenos servicios a la revolución el general Serrano, regente del reino, con la gran cruz de Isabel la Católica, libre de gastos, en el año de 1870, que el agraciado renunció, pues siempre concedió importancia liviana a los honores públicos y solo estimaba la propia satisfacción del deber cumplido.

Pasó en 1871 (18 de septiembre) a Puerto Rico, con el cargo de secretario del Gobierno Superior Civil de la Isla. Reciente la ley de la Abolición de la Esclavitud, tuvo que proceder a su cumplimiento, oponiéndosele por los infames tratantes de negros grandes dificultades. Logró dar la libertad a 355 esclavos, sosteniendo una lucha homérica con elevadas personalidades políticas que contra él lanzaban sus influencias poderosas al combatir la inmoralidad. Por fin, movido de la natural indignación, dimitió, y abandonando la isla, teniendo que para volver a Europa pedir un préstamo, él, probo liberal, que había rechazado muchos miles de pesos ofrecidos por los negreros y plantadores.

Su generosa y humanitaria labor, le valió gran popularidad en la Pequeña Antilla, y merecido homenaje. Apenas desembarcado en la Península le sorprendió gratamente la noticia por la que los electores de Quebradilla, uno de los distritos de la Isla, le comunicaban haberle elegido su diputado a Cortes (octubre de 1872).

Proclamación de la república por la Asamblea nacional.

Ilustración: José Luis Pellicer

En el Congreso tomó parte en importantes debates y al llegar la noche histórica del II de Febrero de 1873 fue uno de los diputados que votaron por la instauración de la República.

En el Congreso figuró al lado de Martos, Rivero y los radicales. Recordamos que hace pocos años hizo un relato en el diario madrileño El País de una de las más agitadas sesiones de aquellas Cortes. Entre sus empeños logrados como diputado, figura su proposición de aumento de sueldos al personal del Cuerpo de Telégrafos, sin duda en recuerdo de su primer empleo, y por la justicia debida a los merecimientos de un personal que tan importantes servicios presta al Estado y a la Patria.

Por documentos públicos del partido progresista que dirigió Don Manuel Ruiz Zorrilla, vemos que estuvo militando en sus filas, y fue uno de los firmantes del célebre manifiesto de Biarritz.

Su carácter independiente y la inquietud de su inventiva, siempre despierta, le hicieron dimitir cuantos cargos ocupara en la Administración, a pesar de haber llegado a altos puestos.

Durante diez y seis años estuvo alejado de la política activa, en cuyo periodo escribió sus mejores libros, dio cima a sus descubrimientos científicos y realizó algunos de sus admirables proyectos.

 En julio de 1889 volvió a entrar en las tareas burocráticas como Jefe de Negociado de primera clase, en comisión, de la Intervención general del Estado en la Isla de Cuba. Antes fue nombrado Inspector de la Aduana de la Habana, y en el mismo año Jefe de Administración. Contador del Tribunal de Cuentas, con destino a la Sala especial de las Islas de Cuba y Puerto Rico.

Al año siguiente volvió a España al ministerio de Ultramar, como Jefe del Negociado especial de Administración local de las Islas Filipinas, y por último, Jefe de la Sección de Aduanas en la Dirección de Hacienda del mismo Ministerio, donde prestó importantísimos servicios

En 1893 recibió una comunicación de la Cámara Agrícola de Valencia, felicitándole por la imparcialidad y rectitud demostradas en la reforma de los aranceles para los arroces extranjeros de Cuba y por su noble tarea llevada a cabo al defender con ello, al misino tiempo, los intereses del Tesoro y los de la región valenciana.

Poco después dimitió, para entregarse ya por completo a su gran obra: la Ciudad lineal.

Sus inventos y descubrimientos científicos.

Teodolito impresor automático.

Diseño del Teodolito impresor automático de Arturo Soria.

Fue su primer invento, cuya descripción detallada está en un folleto que publicó para demostrar que era posible dar un paso más en el camino del progreso de la ciencia topográfica con el teodolito de su invención, que aventajaba notablemente a todos los instrumentos de la misma índole, que anulaba el error personal de lectura permitiendo hacer las observaciones que requiere el levantamiento de planos con gran exactitud de una manera sencilla y cómoda para el observador y con economía de tiempo y, por consiguiente, de dinero. Entre las innovaciones, del aparato, la más importante es la impresión sobre una cinta de papel y en caracteres tipográficos de los valores numéricos de los grados, los minutos y los segundos de un ángulo cualquiera.

Un año después de su invención, en mayo de 1868, enterado de la descripción del aparato el Director de la Escuela especial de operaciones geográficas, felicitó al señor Soria ante todos los alumnos y manifestó el propósito de proponer al Gobierno la construcción en el extranjero del «teodolito, impresor automático» bajo la dirección de su autor, comisionado al efecto, pero estos buenos deseos no se cumplieron a consecuencia de la revolución de septiembre del mismo año.

Aparato avisador de las crecidas de los ríos.

Le sugirió la idea de este invento una de las más espantosas inundaciones de Murcia. En el año 1879, poco tiempo después de la terrible catástrofe, publicó un folleto que contenía la descripción del aparato y breves consideraciones acerca de la conveniencia de su empleo para aminorar los estragos de las inundaciones. Con la aplicación de este originalísimo invento se hubiera salvado la vida y gran parte de la hacienda de los infelices arrastrados por la impetuosa corriente de las aguas en las numerosas inundaciones ocurridas desde entonces en varios pueblos de España, pues no ofrece duda que sus habitantes, avisados con la necesaria anticipación, por medio de los aparatos de la invención del Sr. Soria, hubieran tenido tiempo suficiente para poner a salvo sus vidas, sus animales domésticos y los objetos más preciados de su ajuar. Pero no sucedió así, porque tan útil invento no se llevó a la práctica por falta de la protección del Estado que para ello era indispensable.

Lamentando y describiendo en el citado folleto, lo embarazoso del expedienteo oficial, aún para las cosas más útiles y urgentes, empleó por primera vez con su gran ingenio la frase humorística «salirse de madre» que él hizo popular, diciendo después de muy expresivos comentarios; «De allí a poco cualquier río se sale de madre, con cuyo motivo se observa en el Negociado de Inundaciones una crecida extraordinaria de papeles, y el expediente se sale de madre, de padre y de toda la familia».

Descubrimientos geométricos.

Pentatetraedro de Arturo Soria

Producto de sus estudios geométricos, a los que se dedicó después durante algunos años, es su descubrimiento de la unidad de los cinco poliedros regulares, o sea, que no hay más que un poliedro regular, el tetraedro, y que los demás son combinaciones del mismo tetraedro. De la caja en que se guardan los poliedros descubiertos y construidos por el señor Soria, presentada al último Congreso Nacional de Ciencias, copiamos al pie de la letra la descripción que su propio autor hace de estas formas geométricas con su explicación matemática y filosófica, fundamento y andamiaje de todas las doctrinas del sabio cuya pérdida lloramos. Dice asi:

FILOSOFÍA PITAGÓRICA

«Los números rigen al mundo»

«La pareja de contrarios, la sexualidad, viene de la idea de combinación, del número dos, que es la combinación de la unidad consigo misma.

La idea del Primer Uno, combinándose consigo misma, engendra toda la jerarquía de las ideas matemáticas, únicas, de posible realización. «Lo racional», de Hegel, conjunto de parejas de contrarios cuya síntesis y más alta expresión es la pareja matemática».

«Espacio-Tiempo»

«La combinación de la forma masculina de lo racional, el Espacio, con la forma femenina de lo racional, el Tiempo, engendra la Fuerza, nueva unidad que representa la Creación del mundo, la transformación de la Aritmética (cosa racional), en Geometría (cosa real), esto es, en el primer átomo central del Universo, en el átomo-esfera engendrador de todos los «átomos-esferas» del mundo».

«La combinación regular de cuatro átomos-esferas es el primer cuerpo simple de la química Los cuatro centros de las cuatro esferas-átomos, determinan la aparición de la primera forma de la Naturaleza, la forma del tetraedro regular, la forma andrógina de la cual se derivan todas las demás».

«He descubierto la unidad de los cinco poliedros regulares indudablemente conocida en remota antigüedad y desconocida por los geómetras modernos.»

«He descubierto también las dos series paralelas de formas derivadas de los números 2 y 5, quizá desconocidas por los geómetras antiguos, y los tres primeros procedimientos genéticos de todas las formas de la Naturaleza: el de Invaginación, el de Copulación y el de Adosamiento.»

«La experimentación geométrica hecha con el cerebro, es el procedimiento por el cual los geómetras de muy remota antigüedad descubrieron los cinco poliedros regulares y han sido redescubiertos hoy por mí.»

«De la unidad de origen de los cinco poliedros regulares, se deducen la regularidad y la unidad de los demás poliedros descubiertos por mí, y la regularidad y la unidad de todas las formas de la Naturaleza, generalizando el procedimiento de copulación para engendrar nuevas formas, y el adosamiento para el desarrollo de sus organismos.»

Origen Poliédrico de las Especies. Lámina 1.

Su libro Génesis, compendio y resumen de sus investigaciones científicas, edición de doscientos ejemplares repartidos entre las principales bibliotecas, contiene las plantillas de todas las figuras geométricas construidas por sus propias manos en demostración de la verdad de sus descubrimientos y de sus teorías de filosofía-matemática, que él ha llamado pitagórica.

El escritor

Su labor periodística.—Sus libros.

Contribución al Origen Poliédrico de las especies; 2ª parte.

Fue también muy notable periodista y un gran escritor. Tenía en los puntos de la pluma la difícil facilidad de expresar con precisión, sencillez y gran claridad cuanto quería decir, huyendo siempre de la ampulosidad y de la afectación. Poseía las dotes características del periodista moderno en la forma, el estilo y la concisión.

Colaboró en el periódico El Progreso, por los años 1882 y 83, en El País actual, en muchas revistas científicas y en la teosófica Sophia. Fundó el periódico La Dictadura y la Revista La Ciudad Lineal.

Los artículos titulados Filosofía barata, publicados en esta Revista, forman una exposición de las verdades más elevadas y metafísicas, a las más sencillas y vulgares. Lo divino y lo humano, mezclado sabiamente por el filósofo, que piensa alto y siente hondo, y expresado con amable y fino humorismo. Coleccionados en un libro, como existe el propósito de hacerlo, constituirán una obra de interesante lectura por sus grandes enseñanzas.

También son de sumo interés y de actualidad, sus artículos de política ferroviaria que publicó recientemente.

Además de sus notabilísimos artículos periodísticos, ha dejado escritos los siguientes libros:

1. Teodolito impresor automático. Folleto explicativo de esta invención.

2. Avisador de las crecidas de los ríos Folleto que contiene la descripción de es-te aparato y breves consideraciones acerca de la conveniencia de su empleo para aminorar los estragos de las inundaciones.

3. Origen poliédrico de las especies.

4. Contribución al origen poliédrico de las especies. (Primera y segunda partes).

5. El progreso indefinido.

6. El talentómetro.

7. Génesis. Obra en que se hace la descripción de las formas geométricas regulares de los cuerpos simples, y la demostración de que la Geometría, en todas las formas de la Naturaleza, consiste en que son las combinaciones matemáticas posibles con grupos de cuatro átomos en forma de tetraedro regular, que es el verdadero protoplasma.

8. La Ciudad Lineal Antecedentes y datos varios acerca de su construcción, año 1884.

9. Ferrocarril-tranvía de circunvalación de Madrid. Primer folleto explicativo de la Ciudad Lineal

10. Conferencias dadas en el Ateneo de Madrid y en el Fomento de las Artes, acerca de su sistema de urbanización de ciudades lineales.

11. Memorias de un setentón. Obra inédita.

Sus empresas y sus grandes proyectos


El Tranvía de Estaciones y Mercados

Tranvías de mulas circulando por la Puerta del Sol.

Si en política es radical y no se aviene su temperamento de luchador con el amor platónico al ideal soldado, sino que va denodadamente a la conspiración y a la barricada, y en el poder se mantiene dignamente en los cargos públicos, y en las especulaciones científicas, estudia, investiga y crea, en las empresas por él imaginadas no es sólo el proyectista, es también el obrero que ejecuta los planes soñados por su fantasía. En don Arturo Soria se da esta duplicidad sorprendente, por lo poco común: es creador y es constructor, es idealista y hombre práctico, ponderado y de acción, es sabio y artista a la vez. Acertado estuvo el ex-presidente del Consejo de Ministros señor Allendesalazar antiguo amigo suyo, al llamarle el «poeta de los negocios» cuando emprendió la Ciudad Lineal.

Procediendo por orden cronológico, citaremos su primer proyecto y su primera empresa realizada: el «Tranvía de Estaciones y Mercados», hoy líneas de Puerta del Sol-Bombilla y Pacifico-Noviciado, que después fue explotado por capitales extranjeros en contra de la voluntad del Sr. -Soria que no hubiera querido saliera de manos españolas. La empresa, como indica su título, venía á solucionar uno de los problemas menos atendidos de Madrid. Enlazar los Mercados con las Estaciones férreas, que de haberse realizado como se proyectó, hubiera abaratado y facilitado los transportes y por lo tanto los artículos de primera necesidad en la gran urbe madrileña. De la utilidad de esta idea felicísima, puede juzgarse por lo que se hizo en Madrid sin preparación y, por consiguiente, en pésimas condiciones, cuando la última huelga de los conductores de carros de transportes.

El Sr. Soria fue Director de la empresa del TEM, «Tranvía de Estaciones y Mercados», desde que la fundó el año 1874 hasta el 86, en que vendió en razonable precio sus acciones y sus derechos a la dirección.

 

Las redes telefónicas.

1924. Cables telefónicos aéreos inundan la Puerta del Sol.

En el año 1877 inventó las redes telefónicas urbanas antes que los norteamericanos. En el Ayuntamiento de Madrid y en una Memoria impresa del Secretario Sr. Dicenta. consta esta prioridad. Para establecer en Madrid la primera red telefónica del mundo, ofreció su invención y sus iniciativas solicitando del Estado la concesión necesaria.

Reinaba por entonces la preocupación ridícula de que peligraría el orden público dejando los hilos telefónicos en manos de una empresa y, como no se movía una hoja en ningún árbol administrativo sin la voluntad del Presidente del Consejo de Ministros don Antonio Cánovas del Castillo, se procuró una entrevista con él por recomendación eficacísima de don Cristino Martos, amigo cariñoso de don Arturo Soria.

Cánovas le recibió muy afectuosamente y dio orden de que nadie les interrumpiese; procuró ser breve, pero le dijo cuanto tenía que decirle para convencerle, y le convenció Concluyó la conferencia ofreciéndole resolver el expediente favorablemente. Mas, no pudo cumplir el ofrecimiento porque a los pocos días salió del poder.

Con tal motivo, varió de rumbo el expediente y a propuesta de la Junta de jefes de Telégrafos se hizo un concurso en el que debió triunfar el señor Soria, pero no fue así, haciéndole perder más de 15.000 pesetas gastadas en el estudio del proyecto.

Después le dieron la concesión a otro más influyente y afortunado, cometiendo con ello una injusticia y privando a Madrid de una red telefónica completamente distinta y superior por todos conceptos a la actual, con multitud de usos y aplicaciones y establecida en zanja con lo cual hubiera resultado más barata al final de la concesión y sin los inconvenientes de la red aérea, sometida a continuos y bruscos cambios de temperatura, a un enorme peso en caso de nevada seguida de helada, a grandes oscilaciones producidas por los vientos huracanados, que ocasionan con frecuencia cruces y desprendimientos de los hilos en perjuicio del buen servicio telefónico.

El ferrocarril-tranvía de circunvalación de Madrid

a Canillas, Hortaleza, Fuencarral, Vicálvaro, Vallecas, Villaverde, Carabanchel y Pozuelo. 

De este importante proyecto, base y fundamento de la Ciudad Lineal, obtuvo la concesión por ley votada por las Cortes en agosto de 1892.

Su objeto era proporcionar al vecindario madrileño un medio cómodo y barato de verificar en los días festivos excursiones campestres indispensables, bajo multitud de aspectos, a toda población trabajadora; favorecer la construcción de grandes barriadas a lo largo de la vía, formadas por casas de campo o de recreo, por casas para obreros, en condiciones higiénicas y de baratura imposibles en el casco de la población y por fábricas y establecimientos insalubres en la capital, y que dejarían de serlo por el mero hecho de disponer de más espacio libre, más luz y más ventilación; establecer de esta suerte una calle de cuarenta y ocho kilómetros alrededor de Madrid, formada por una serie de jardines.

La vía estaba proyectada del mismo ancho que la de los ferrocarriles del Norte y Mediodía a fin de enlazar con éstos, por cuyo medio lograría todo aquel que estableciera una fábrica inmediata a la línea de circunvalación tener a la puerta de su casa el carbón y las primeras materias de su industria sin gasto de camionaje y expedir los productos fabricados directamente desde su fábrica a cualquier estación de España.

La inmensa transcendencia de estos propósitos y la suma de beneficios morales y materiales que su realización hubiera reportado al pueblo de Madrid, son incalculables y, sin embargo, no tuvo la ayuda del capital ni la protección del Estado que eran necesarias para llevar a cabo esta obra tan beneficiosa.

El ferrocarril subterráneo.

El 17 de octubre de 1919 Alfonso XIII inauguró la primera línea del Metropolitano entre Cuatro Caminos y la Puerta del Sol.

Para la comunicación de la línea de circunvalación, y por lo tanto de la Ciudad Lineal con el centro de Madrid, proyectó el ferrocarril subterráneo, partiendo de la Puerta del Sol en dirección a la calle de Alcalá, Castellana. Goya y Plaza de Toros, para confinara a las afueras hasta su punto de enlace.

El informe técnico del Ayuntamiento de Madrid fue contrario al establecimiento de la estación de partida en la Puerta del Sol y en el Ministerio de Fomento, donde correspondía resolver en definitiva, se pusieron todo género de dificultades que han hecho que se eternice el expediente en dicho centro oficial.

Concibió don Arturo Soria este proyecto cuando no había en el mundo más que el primer ferrocarril subterráneo de Londres, y mientras se ha tramitado el expediente, se han construido siete ferrocarriles subterráneos en las principales capitales de Europa y de América, y lo que a él le negó el Ayuntamiento de Madrid, ha sido después concedido con toda clase de facilidades a la empresa del Metropolitano recientemente construido. No cabe mayor injusticia.

 

1898, Proyecto de Manuel Becerra y Arturo Soria para el Ferrocarril subterraneo en Madrid.

La Fiesta del Árbol.

Por iniciativa suya se celebró por primera vez en España, con carácter particular, esta culta y patriótica fiesta.

En las doce fiestas del Árbol celebradas en la Ciudad Lineal ocuparon lugar preferente, cumpliéndose sus más vivos deseos, el profesorado y la infancia, como lo comprueban las siguientes palabras dichas por él al celebrarse la primera fiesta del Árbol el año 1897:

«La augusta figura del maestro, desdeñada y preterida en solemnidades oficiales, es la primera honra nosotros en esta fiesta culta y popular al mismo tiempo, aunque ambos calificativos hayan sido hasta ahora incompatibles».

«Enaltecer el Magisterio es la orientación del atribulado espíritu de los españoles que esperamos y trabajamos por el advenimiento de tiempos mejores. Por esto, nosotros saludamos en los maestros y en sus alumnos más aplicados a lo único que queda incólume y sin mancha en este ciclón de las desdichas nacionales, en cuyo torbellino vivimos muriendo».

«Acojan los maestros todos que se dignan concurrir a nuestra fiesta, las fervientes oraciones de nuestro patriotismo. Bienvenidos sean a ocupar el primer puesto en nuestra casa, que no tiene más riqueza que las inmensas inagotables de la naturaleza: por amplio salón los áridos campos que queremos transformar en ciudad modelo de toda clase de buenas costumbres, transformación laboriosísima que ya hemos empezado; por techo, el más artístico que puede soñar la fantasía, la bóveda celeste; por alfombra, los cimientos de la nueva ciudad, cruzados por tuberías y por carriles, el suelo que hemos fecundado con nuestra inteligencia y con nuestro trabajo entre las risas de los incrédulos y de los holgazanes y las furiosas acometidas de los malvados; por todo adorno, los primeros centenares de árboles que harán higiénica la vida en la «Ciudad Lineal», así como la harán cómoda y barata nuestras vías férreas enlazadas con el centro de Madrid».

«Quisiéramos ver personificada la clase entera en un solo maestro, para expresar con más facilidad nuestros sentimientos y tributarle los honores que a todos son debidos, de la propia suerte que vemos en los jóvenes, cuya aplicación premiamos, los hombres de mañana, los ministros, los generales, los industriales, las eminencias del porvenir en todos los ramos de la actividad social que han de realizar las esperanzas de la patria».

Estos elocuentísimos párrafos no solamente son reveladores de su amor a la Escuela sino de su gran patriotismo y su afán por el trabajo, demostrados en toda ocasión, hasta en su conversación en la intimidad. Cuando le decíamos que las desdichas nacionales obedecían a la falta de buenos gobernantes, nos contestaba: «No importa, ya surgirán por arriba o por abajo; entre tanto, trabajemos, aumentemos la riqueza de España, que es tanto como infundirla sangre nueva y resistencia para la lucha». Y en todos sus notabilísimos escritos, en todas sus admirables iniciativas, está reflejado su espíritu culto, abierto a los grandes ideales, ansioso de reformas saludables para su Patria, a la que amaba con delirio.

La Ciudad Lineal.

Ha sido la obra de sus afectos más puros y desinteresados, a la que consagró sus mejores años, casi toda su vida.

Desde el año 1882 en que dio a conocer la idea, en el periódico El Progreso, como la mejor solución al problema de la habitación, que es la entraña misma del problema social, hasta que ha muerto, la dedicó toda su inteligencia, su gran actividad y sus energías extraordinarias. Primero concibiendo la idea, después planeándola y por último llevándola a la práctica.

Para realizar su magno proyecto, fundó en 3 de marzo de 1894 la Compañía Madrileña de Urbanización, que había de ser la que construyera la primera Ciudad Lineal española, como barriada de ensanche de Madrid, en forma de anillo de 50 kilómetros alrededor de nuestra capital, con el fin de unir entre sí y con el centro de Madrid, por medio de un ferrocarril-tranvía, los inmediatos pueblos de Fuencarral, Vicálvaro, Vallecas, Villaverde, Carabanchel y Pozuelo, y de urbanizar, colonizar y enriquecer los terrenos áridos, feos, abandonados y pobres de esos términos municipales, convirtiéndolos en una hermosa e higiénica barriada.

1905, consejeros de la Compañía Madrileña de Urbanización

Al constituirse la Compañía, don Arturo Soria escribió estas alentadoras palabras reveladoras de la fe que tenía en su propia obra, de los ardientes entusiasmos que en ella ponía y, sobre todo, de su voluntad inquebrantable de llevarla adelante a todo trance.

«La Ciudad Lineal se realizará en brevísimo plazo, si a la convicción y al entusiasmo de todos los accionistas fundadores de esta utilísima novedad, corresponde la opinión pública con la aprobación que merece esta obra de previsión y patriotismo. Se realizará lentamente, pero se realizará, si la montaña de dificultades que para ello es preciso vencer, ha de ser deshecha grano a grano con la perseverancia, con la fe y con el entusiasmo de que están animados los accionistas de la Compañía. »

No correspondió la opinión pública; no tuvo la protección del Estado ni de las corporaciones oficiales, y esto unido al retraimiento del capital, producido por profetas agoreros de la mala fe y mala intención, que aseguraban que la idea no era realizable, hizo muy lentos y difíciles los comienzos de la empresa. 

Contra estas dificultades, contra los formidables obstáculos que pusieron en su camino la desconfianza sistemática, la murmuración, el egoísmo, la envidia y todas las malas pasiones desencadenadas con furor injustificado por los que deseaban la ruina de la Compañía, luchó valerosamente, venciéndolos todos con su talento, con su gran fortaleza de ánimo, con su voluntad firmísima, inquebrantable, para realizar cuanto se proponía.

Y con su laboriosidad sin ejemplo, con su trabajo perseverante, y demostrando con hechos, más que con palabras, la posibilidad de su empresa como obra encaminada al bien, como obra moral que marca un gran progreso en el modo de concebir y de practicar la vida toda, haciéndola más perfecta, más independiente, más sana y más tranquila que lo ha sido hasta el presente, logró ver construida la primera barriada de la Ciudad Lineal de sus ensueños.

Aunque lo realizado bajo su dirección, no constituye más que la décima parte del proyecto, representa una labor enorme, verdaderamente meritoria, base firmísima del desarrollo de los futuros planes, como es: la adquisición de más de ocho ‘millones de metros cuadrados de terrenos; la explanación de 5.200 metros de la primera barriada de la Ciudad Lineal y 17.000 de las barriadas segunda y tercera empezados a explanar; más de 100.000 árboles plantados, tantos como en todo el perímetro de París; 120.000 metros de tuberías de elevación y distribución de aguas para poder servir a una población de más de 30.000 almas; 50 kilómetros de vías férreas en explotación que comprenden los tranvías de Cuatro-Caminos-Chamartín-Ciudad-Lineal- Ventas, de Cuatro Caminos a Fuencarral, de Cuatro Caminos al Colegio de la Paloma (Dehesa de la Villa), de Ventas a Canillejas. del Pacífico a Vallecas y Canteras y el ferrocarril de Cuatro Caminos a Colmenar Viejo; una fábrica de electricidad y 150.000 metros de líneas eléctricas que suministran fluido a los términos municipales de Madrid. Barajas, Canillas, Canillejas, Ciudad Lineal, San Fernando, Fuenlabrada, Hortaleza, Humanes, Móstoles, Pueblo Nuevo, Tetuán, Vicálvaro, Villaverde y Villaviciosa de Odón; más de mil viviendas construidas en terrenos de la Compañía entre hoteles de lujo, hoteles burgueses y hoteles obreros, todas, aun las más pobres, en excelentes condiciones higiénicas de luz, de sol y de ventilación; cinco negocios preferentes de terrenos, aguas, vías férreas, construcciones y electricidad y cinco negocios auxiliares, tejares, almacenes, imprenta, viveros y parque de diversiones, en los cuales encuentran trabajo centenares de obreros y empleados.

Plano de la Ciudad Lineal con la segunda barriada proyectada no ejecutada.

Cuando ya estaba hecho todo esto, cuando la Compañía había llegado a un estado próspero y floreciente y se disponía a prolongar su ferrocarril-tranvía hasta Vicálvaro y Vallecas para facilitar la venta de los terrenos de la segunda barriada, que hubiera asegurado la amortización y el puntual pago de intereses de todos los valores emitidos, vino la guerra, la catástrofe mundial, y como consecuencia obligada de ella, y en evitación de un mal mayor, el estado de anormalidad en que durante cinco años se ha encontrado la Compañía y que paralizó la obra de la Ciudad Lineal, tan sabiamente emprendida y llevada adelante por su fundador. Las angustias y pesadumbres sufridas en la dura lucha que tuvo que sostener durante tantos años de trabajo intenso y fecundo, y la amargura de ver interrumpido el progreso creciente de la empresa, logrado con tantas fatigas, quebrantaron su recio organismo y han acortado su vida, como nos dice, con sobrada razón, en sus últimas palabras. Nosotros, los que le queríamos entrañablemente, los que sentíamos hacia él verdadera veneración, tenemos además del profundo dolor por su muerte, el de que no haya visto reanudada la marcha progresiva de la Compañía, en lo que tanto confiaba, y que sin duda hubiera conseguido en no lejano plazo. Sólo nos consuela el saber que sus hijos, unidos por un mismo anhelo, lo conseguirán y serán los fieles continuadores de la obra, y la terminarán, no solamente por defender su cuantiosa participación en la empresa, y a de los demás accionistas y obligacionistas, sino por un interés moral superior a todos los intereses materiales: el de que sea glorificado el nombre de su padre, como merece, al reconocer las generaciones presentes y venideras que la Ciudad Lineal, además de ser una obra de urbanización y embellecimiento de los alrededores de Madrid, es la pauta o modelo de las ciudades del porvenir.

Sus últimos días

Arturo Soria con sus nietos e hijos en Villa Rubín.

Ha muerto sin haber interrumpido ni un solo día sus habituales ocupaciones. El día antes de morir, estuvo, como de ordinario, trabajando en su despacho de las oficinas de la Compañía, y lo mismo se proponía hacer el día que le sorprendió la muerte. A los setenta y seis años hacía una vida activa propia de un hombre en plena virilidad. Más aún, unía a su afán y firmeza en el trabajo, el entusiasmo y la alegría propios de los años mozos.

Llevaba al día todos sus asuntos, sin que le estorbasen los achaques propios de su avanzada edad. Dividía sus horas en múltiples y varías tareas. Leía la Prensa diaria y política en las primeras horas de la mañana. Escribía, si la lectura de los periódicos le sugería algún comentario. Interrumpía su trabajo sobre las cuartillas para recorrer a pié las obras de la Ciudad Lineal: explanación de calles, afirmado de carreteras, construcción de edificios, tendido de vías férreas; vigilaba los servicios de explotación; dedicaba varias horas a su despacho de director en las oficinas de la Compañía Madrileña de Urbanización; llevaba al corriente la lectura de las revistas y libros de filosofía, matemáticas, ingeniería, urbanización e higiene, que leía en el idioma en que estaban impresos, y aún le sobraba tiempo para acudir, algunas noches, a su tertulia de Madrid.

Al mediodía del seis de noviembre, cuando se disponía a almorzar con su esposa y sus hijos, se sintió indispuesto. Se sentó en un sillón y quedó muerto como herido por el rayo. Únicamente así parecía que podía vencer la muerte a una naturaleza tan fuerte y vigorosa.

La capilla ardiente – El entierro

Tumba de Arturo Soria en el cementerio civil de Madrid.

Su respetable viuda, dama piadosa y amante esposa, y sus hijos, cumplieron estrictamente los deseos reiteradamente expresados en vida por el señor Soria, y supieron rendir el más sentido homenaje al hombre que amó la Ciencia, la Naturaleza y la Patria.

La capilla ardiente fue dispuesta en la sala de trabajo del ilustre finado. Su cadáver fue envuelto en una bandera española y depositado en una caja de caoba y cubierto de flores naturales.

Descansaba el ataúd en el suelo sobre paños negros, y en la cabecera, en un sencillo túmulo, pusieron el poliedro por él descubierto, llamado «pentatetraedro», creación de su inteligencia y consecuencia de sus estudios filosóficos y matemáticos que le llevaron a estudiar a Pitágoras, a seguir sus doctrinas, hasta encontrar en el número las esencias mismas de la vida.

Envolvieron su cuerpo en una bandera española, cumpliendo su voluntad, porque no quiso ser otra cosa que español, llevado de su vehemente patriotismo.

Cubrieron su cuerpo con multitud de flores naturales, porque en vida siempre quería tener flores presidiendo sus trabajos y yantares; flores que cultivaba con amor y que servían para aleccionar a propios y a extraños; flores que constituyen el símbolo de su Ciudad Lineal, tan admirablemente expresado por él en estos términos:

«Para cada familia una casa; en cada casa una huerta y un jardín.»

El cadáver del venerable fundador de la Ciudad Lineal fue velado por sus hijos y otros parientes y amigos íntimos y por los empleados y obreros de la Compañía Madrileña de Urbanización.

A la hora del entierro fue sacado en hombros de sus hijos D. Luis. D. Emilio, D. Arturo y D. Carlos, y, cuando éstos se disponían a depositar el féretro en la carroza, la mayoría de los empleados y obreros de la Ciudad Lineal se sucedieron solicitando todos llevarle también en hombros, y lo mismo muchos ex empleados y obreros que desde hace bastante tiempo no pertenecen a la Compañía, cuya demostración de sincero y desinteresado afecto ha sido muy estimada y agradecida por toda la familia del Sr. Soria.

Y así, en hombros, fue llevado hasta las Ventas, o sea, en un trayecto de más de cinco kilómetros, seguido de una multitud de más de dos mil personas, compuesta de sus numerosos amigos y admiradores. Coches, automóviles y vehículos de todas clases fueron utilizados por la numerosa comitiva para llegar hasta el cementerio. En la carroza mortuoria y en dos lados iban colocadas las artísticas coronas que le dedicaron su viuda doña Julia Hernández Rubín, sus hijos don Luis, D. Emilio, D. Arturo, D. Carlos, D.ª María y doña Julia, sus nietecitos, sus primos D.ª María y don Modesto, el Consejo de Administración de la Compañía, los señores Marqueses de Altamira, don José Caunedo, D. Zacarías Homs, D. Vicente Buendía, D. Fernando Torrecilla, D. Adolfo Gil, D. Vicente Maraón, D. Isidro Uría, D. Justo Garrido y familia, D Braulio Gutiérrez, D. Juan de la Rubia, la Sociedad de Cultura de la Ciudad Lineal, los empleados y camareros del Parque de diversiones, y los empleados y obreros de la Compañía Madrileña de Urbanización. Presidieron el duelo el Presidente honorario de la Compañía, Sr. Conde de Venadito, el Consejo de Administración en pleno, el primo político del señor Soria, D. Modesto Hernández, sus hijos D. Luis, don Emilio, D. Arturo y D. Carlos y sus dos nietos Arturo y Luis.

El cuerpo de D. Arturo Soria fue depositado, cumpliéndose sus deseos, en la sepultura del Cementerio Civil, más próxima a la de su antiguo amigo el sabio D. Eduardo Benot. Tan numeroso fue el acompañamiento hasta el cementerio, que los concurrentes, en su inmensa mayoría, se vieron materialmente imposibilitados de presenciar el triste acto de dar tierra al cadáver. Como prueba de las generales simpatías que gozaba el finado, debemos consignar el homenaje tributado por algunos vecinos de las Ventas, arrojando flores desde los balcones al pasar la carroza fúnebre, cuyo testimonio de cariño ha sido también muy estimado por la esposa y los hijos del Sr. Soria El entierro constituyó, pues, una expresiva manifestación de duelo. Todas las clases sociales estuvieron representadas: la ciencia, el arte, la industria, la magistratura, el ejército, la política, la aristocracia, las clases medias, periodistas, empleados públicos y particulares, obreros, comerciantes, personas de las más opuestas ideas políticas y religiosas. Nada más heterogéneo que este acompañamiento.

Puede decirse que Madrid, en todas sus representaciones del trabajo y de la vida social, rindió debidamente el postrer homenaje a uno de sus hijos más ilustres.

La Prensa

Necrológica publicada en Mundo Gráfico

Le han dedicado sentidas necrologías, elogiando sus grandes merecimientos, los periódicos madrileños La Correspondencia de España, La Época, El Imparcial, El Liberal, El País, El Mundo, El Universo, El Ejército Español, La Voz, El Debate, La Libertad, Hoy, Mundo Gráfico, El Parlamentario, La Patria y El Madrileño y los diarios de Barcelona El Progreso y Los Negocios.

A todos y a cuantas personas asistieron al entierro y han testimoniado su sentimiento personalmente o por escrito, les reiteramos, en nombre de la familia del Sr. Soria, la expresión de su inmensa gratitud, de cuyo profundo agradecimiento participa también esta Revista.

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Línea Temporal

Resumen visual desde el nacimiento de Arturo Soria el 15 diciembre de 1844 hasta su fallecimiento el 6 de noviembre de 1920. Su vida a través de una línea que abarca 76 años de intensa actividad, y el contexto histórico y social en el que la llevó a cabo.

Semblanza

Artículo, también publicado tras su deceso, en el que se muestra la aflicción y el duelo que llevaron los familiares, consocios, amigos y trabajadores de la Compañía Madrileña de Urbanización.

Mi última voluntad

Texto que dejó preparado Arturo Soria, a modo de testamento y de agradecimiento a su familia y a quienes perpetuarían su obra en la Compañía Madrileña de Urbanización y en la Ciudad Lineal, para que se publicara en la propia Revista de la Ciudad Lineal tras su muerte.