Arturo Soria

Del inventor al urbanista

Línea Temporal

Datos Biográficos

Semblanza

Mi última voluntad

Semblanza

Publicado en la revista de la Ciudad Lineal nº712 10/01/1921

DON ARTURO SORIA Y MATA

Murió el creador, el maestro, el padre, el amigo, el guía. Desapareció para siempre su figura venerable, severa, erguida a despecho de su ancianidad , que parecía afirmarse como el roble en la tierra cada año, ganándola en raíces, levantando con nuevas hojas su copa a las nubes y al sol, a los que arranca calor y lluvia fecundantes y de los que es generoso resguardo. Silenciosos, recogidos en el agudo dolor, desde el día fatal y aciago que le perdimos, ofrendamos nuestro pensamiento, de continuo, hora tras hora, al maestro amado que en nuestra admiración sospechábamos inmortal. Pero le vimos yerto, mudo, inmóvil. Dejamos de oír su palabra afable y firme que tantas veces impresionó nuestra inteligencia con sus enseñanzas, con sus sabios consejos, y que aun parece que oímos con el espíritu.

Corrieron nuestras lágrimas de angustia y sordos sollozos brotaban de nuestro pecho en ronca protesta contra el destino feroz e implacable que a la vez nos robaba el maestro y el amigo y cortaba una existencia consagrada a la ciencia, a la belleza y al amor.

Nos rodea su obra, su creación: nos guía su espíritu, le vemos al lado de cada árbol, por él plantados de esta Ciudad Lineal suya, hija suya; en estos tranvías que cruzan raudos; y le oímos en la bronca sirena y en el tableteo sobre los rieles; le sentimos en el piar de los pajarillos y en el parloteo de los niños que se oye entre las florestas y jardines de estos hotelitos rientes y bellos, y se detienen nuestras lágrimas sorprendidas y confusas; no, no ha muerto, vive, vive a nuestro lado, nos alienta todavía, nos empuja, viene con nosotros y con nosotros lucha para seguir venciendo, para el triunfo del progreso, para el bien, para la belleza, para el amor y la dicha de nuestros semejantes. No muere el genio; vive su obra, su pensamiento, su mundo, la que él creó, que nos rodea, que nos alienta, nos habla continuamente a los sentidos y a la inteligencia. Virtud maravillosa del genio que sobrevive a su propia vida material, a la vida de sus contemporáneos y persiste a través del tiempo infinito.

Asombra la vida fecunda del sabio que acaba de morir. Filósofo sobre todo, geómetra insigne, su obra y su vida nos ofrece una absoluta semejanza con aquellos filósofos de la patria y del tiempo de Pericles. Las continuas manifestaciones del ansia creadora de don Arturo Soria y Mata, son consecuencias de un sistema filosófico, propio, original. Tan admirables concepciones no son inspiraciones aisladas. Son partes de un sistema. Son axiomas derivados de teoremas cuyos postulados iba deduciendo la especulación científica. Pierde la filosofía española uno de sus pensadores más ilustres, como la ciencia matemática uno de sus cultivadores más sabios. Colocará la posteridad en las cimas inmarcesibles del genio y de la sabiduría la figura de don Arturo Soria.

Trabajador incansable y fácil, realiza una sorprendente labor, toda ella admirable. Domina y vence en cuanto se propone realizar. Así la larga serie de sus descubrimientos e invenciones. Y todas sus obras armónicas de bondad y de belleza, son la extraña compenetración del hombre de ciencia y amante del saber y la del hombre de acción. No conoció el reposo. Su larga y provechosa vida ha estado dedicada a mejorar las condiciones de vida de los demás, y sus descubrimientos no son meras abstracciones de ideas y principios que quedan en el papel, sino realidades plásticas y tangibles que presenta a la vista de las gentes.

Del geómetra nace el filósofo. Como sabio, modesto, se niega en sus libros esta condición y lo es sobresaliente y originalísimo. Coincide su doctrina en el desarrollo con la pitagórica y como ésta es matemática, puesto que surge de la consideración de los números y de las figuras. Ve en las cosas relaciones numéricas y de ellas la base de la belleza y de la armonía. Profanos en estas disciplinas, aventuradas serían nuestras palabras en tales cuestiones, pero la lectura del maestro nuestro nos hace sospechar la existencia de un nuevo sistema filosófico, independiente del griego-itálico, aunque coincidente, para mayor espontaneidad, con aquellos principios inspirados por el suave murmullo de las olas del mare nostrum, en aquellas risueñas playas del mar Egeo. Porque sus coetáneos y sus amigos encauzaron su pensamiento por cauces distintos. Puede decirse que fue la filosofía de aquellos otros hombres ilustres, surgidos a la vida pública en la Revolución Septembrina, la hegeliana o la krausista, principalmente, venidas de aquellos mares norteños, invadidos por las nieblas y abandonados por el calor. Es verdad también que en aquellas latitudes la tiranía, como sus nieblas, solo cambia de nombre y la libertad, como el sol, sufre continuos eclipses. Es, pues, el Sr. Soria, fundador de una escuela o sistema que pudiera llamarse, tal vez, neo-pitagórica.

Ya entonces había ofrendado a la ciencia matemática y a su sistema filosófico, un descubrimiento: el origen único de las formas geométricas, que revela en su libro “Origen poliédrico de las especies”, en donde señala los nuevos poliedros regulares, por él descubiertos y por él construidos, el betatetraedro y el pentatetraedro. Nuevas obras publica acerca de esta materia y construye nuevos poliedros, ignorados de los geómetras, y que dejan confusa y envidiosa a la ciencia oficial, pero que afirman al tetraedro como único, el único origen de las demás figuras del espacio. Solo otro sabio glorioso, Benot, aplaude y estimula al matemático descubridor, Soria, y bautiza las nuevas figuras geométricas que surgen a la vida de la ciencia.

Es verdad que ni Benot ni Soria alcanzaron los lauros oficiales y carecían de títulos académicos, pues los dos maestros no formaron su entendimiento en las aulas sostenidas por el Estado.

Surge en su cerebro la Ciudad Lineal, nueva forma geométrica de las ciudades, y aplica su descubrimiento a su patria, a Madrid su ciudad natal, como antes había imaginado para Madrid el Tranvía de Estaciones y Mercados, primero que transporta a los viandantes en la seguridad y firmeza de los rieles, y segunda línea regular urbana de coches de viajeros; como había proyectado una línea de teléfonos urbanos, anteriormente a la instalada después, y como veinticinco años hace proyectó y presentó al Gobierno un ferrocarril subterráneo, pensamiento suyo, que duerme en las covachuelas ministeriales, en tanto han podido realizarse otros proyectos de negociantes de mejor fortuna.

Vemos cómo el hombre admirable que lloramos, sintió todos los amores propios de las almas grandes; amó el saber; amó la ciencia, y en el estudio consumió sus horas de reposo; amó a su patria y a la libertad y por ellas expuso su vida en las barricadas y en las conspiraciones políticas contra todas las tiranías; amó a la humanidad y dejó un pingüe empleo en la que fue nuestra Antilla dorada, en Puerto Rico, por dar la libertad a esclavos que los tratantes de carne de ébano querían sojuzgar y explotar; amó la Naturaleza y creó y fundó en España la verdadera Fiesta del Árbol, que consiste en plantar en un día centenares de árboles, para atender después a su conservación con cuidados y riegos, idea suya que después le ha sido negada; amó a su pueblo natal y creó la Ciudad Lineal como pauta de la arquitectura racional de las ciudades del porvenir, y construyó vías férreas que uniesen a los pueblecillos ignorados de las cercanías con la capital de la nación, y al construir la Ciudad Lineal, convirtió los áridos, secos y pelados alrededores de Madrid en risueñas barriadas con árboles y flores, que son en primavera la alegría del vivir y en el invierno el muro que detiene y templa los cierzos helados en las cimas de las montañas de la Sierra del Guadarrama, que cierran su horizonte.

Era feminista, admiraba las virtudes de las mujeres; se dolía de su inferioridad social; en sus oficinas y trabajos empleó a mujeres para que ganaran su pan honrado con ocupaciones sedentarias; la enseñanza primaria fue preocupación suya; fundó escuelas aquí en la Ciudad Lineal, y gustaba de visitarlas y de hablar con los niños, en charlas amenas que abrieran sus inteligencias en el amor a la verdad, a los que decía: amad al maestro pero no le sigáis, pensad por vuestra cuenta la lección que hayáis escuchado. Y todas estas creaciones suyas nos rodean y en ellas vivimos materialmente y en espíritu. Si no nos bastara, podíamos seguir conversando con él, en nuestras veladas y vigilias, leyendo sus libros, recorriendo las hojas de esta Revista, a la que tantas horas de su vida dedicó y en la que viven aquellos admirables artículos titulados Filosofía barata, y tantos otros de periodista moderno, escritor ameno y fácil.

El creador de tantas bellezas, supo también formar un hogar modelo; amantísimo esposo, tuvo la dicha de tener por compañera la hembra castellana que le amó y le comprendió, se colocó a su altura genial y fue su mejor y más eficaz colaborador; enérgica y valerosa en los momentos de más contrarios reveses; e hijos forjados en la lucha, moldeados con el ejemplo y formados en el trabajo y en el ejercicio de las virtudes ciudadanas. El Sr. Soria cumplió con creces el precepto árabe: plantó muchos árboles, tiene hijos sanos, inteligentes y fuertes, y ha escrito muchos libros. Una vida tan ejemplar debe tener esforzados continuadores. El mejor homenaje, el más piadoso recuerdo es continuar su obra. Don Arturo Soria ha muerto. Vive su obra. Enjuguemos las lágrimas. Con él en el corazón y en el cerebro sigamos laborando.

¡Adelante!

También te puede interesar:

Línea Temporal

Resumen visual desde el nacimiento de Arturo Soria el 15 diciembre de 1844 hasta su fallecimiento el 6 de noviembre de 1920. Su vida a través de una línea que abarca 76 años de intensa actividad, y el contexto histórico y social en el que la llevó a cabo.

Datos Biográficos

Descripción publicada en enero de 1921 en la revista de la Ciudad Lineal con su trayectoria y todas las facetas que desarrolló en vida: estudiante, topógrafo, funcionario, político, empresario, inventor, escritor, publicista, matemático – geómetra y masón. Da cuenta también de su personalidad y de la huella que dejó en quienes le conocieron.

Mi última voluntad

Texto que dejó preparado Arturo Soria, a modo de testamento y de agradecimiento a su familia y a quienes perpetuarían su obra en la Compañía Madrileña de Urbanización y en la Ciudad Lineal, para que se publicara en la propia Revista de la Ciudad Lineal tras su muerte.