Ciudad Lineal

Más que un concepto urbanístico, un estilo de vida

La Ciudad Lineal, una utopía progresista

4 noviembre 2020 | El Proyecto | 0 Comentarios

José Ramón Alonso Pereira, catedrático de "Historia de la Arquitectura y el Urbanismo" en la Escuela de Arquitectura de La Coruña

Artículo de:

Jose Ramón Alonso Pereira

José Ramón Alonso Pereira es catedrático de «Historia de la Arquitectura y el Urbanismo» en la Escuela de Arquitectura de La Coruña, investigador y autor de numerosos libros como «Introducción a la Historia de la Arquitectura», «El París de Le Corbussier», «La Gran Vía de Madrid», o «La Ciudad Lineal de Madrid», galardonado por el Ayuntamiento de Madrid en 1999 y la Comunidad de Madrid en 2000. En 2017 publica «España 92, arquitectura y ciudad» dónde 25 años después se analiza, desde un punto de vista arquitectónico, el legado que dejaron los eventos que tuvieron lugar en España en 1992.

Extraído de:
Intervención en las XXII Jornadas internacionales de Patrimonio Industrial INCUNA-2020 (Industria, Cultura, Naturaleza).

Hace cien años, el 6 de noviembre, fallecía en Madrid Arturo Soria, científico, empresario y político de ideas progresistas, creador e impulsor de la Ciudad Lineal. Este centenario puede ponerse en relación intencionada con el tema planteado por Incuna en 2020: los medios de transporte y las movilidades históricas. En efecto, con la Ciudad Lineal define Soria un nuevo tipo de ciudad que quiere dar solución conjunta al problema de la vivienda y al problema del transporte, creando una ciudad alternativa vertebrada por un ferrocarril tranvía, donde se conjugasen las ventajas de la ciudad y las del campo, haciendo de la Ciudad Lineal la última utopía progresista del siglo XIX y una de las más importantes aportaciones españolas a la ciencia urbanística moderna.

Llamamos a la vez Ciudad Lineal a dos cosas bien distintas: a unos ideales urbanísticos más o menos utópicos expresados por Arturo Soria en 1882, y a su realización experimental a partir de 1894 en un conjunto urbano situado entonces en la periferia de Madrid, haciendo que la utopía cobrase forma urbana y se hiciera realidad, siquiera parcial.

Frente a la realidad madrileña, la utopía propuesta por Soria define un nuevo tipo urbano: una nueva forma de vida que quiere conjugar las ventajas de la ciudad y del campo y dar solución al problema de la vivienda y al problema del transporte, creando una ciudad alternativa ajena a la especulación del suelo y vertebrada por un sistema ferroviario.

La idea «Rurizad lo urbano; urbanizad lo rural”, que viene incluso de Ildefonso Cerdá es origen de las alternativas rurbanas al finalizar el XIX. Aunque no sea la primera de ellas, la más conocida de todas es la Ciudad Jardín de Ebenezer Howard, Junto a ella destaca la Ciudad Lineal, propuesta en 1882 por Arturo Soria y materializada experimentalmente junto a Madrid a partir de 1894.

Desde presupuestos rurbanos, la Ciudad Lineal es ejemplo primero de un urbanismo que pretende ser científico, racional y progresista, y quiere sintetizar la problemática higienista y de vivienda social con la ordenación del territorio, imaginando la nueva ciudad como una arquitectura total concebida en función de la máquina, la circulación y los transportes.

Ultimas utopías del XIX, la Ciudad Lineal y la Ciudad Jardín enlazan con el urbanismo moderno.

De hecho, desde la perspectiva actual cabe decir que la Ciudad Lineal nació para combatir una serie de problemas que en 1882 estaban germinando y hoy son de actualidad. Soria aspiraba en ella a resolver los problemas del tráfico rodado, a mejorar las condiciones higiénicas, a proteger la independencia del individuo, a descongestionar y preservar la ciudad concéntrica, a que, gracias a las excelencias del transporte colectivo, el transporte particular fuera innecesario, a que la especulación no nos convierta en un medio de enriquecersea a nadie, a que la ciudad esté hecha a unas escalas humanas, a proporcionar una fórmula viable de  planeamiento regional, y, como diría Soria, a repartir la tierra.

Arturo Soria presentó su propuesta en un periódico madrileño denominado El Progreso, y compendió sus ideas en un texto El Progreso Indefinido (1898), deseando proyectar su fe y su optimismo hacia el futuro. Para Soria, el ideal de progreso va ligado a las ideas de progreso técnico, y de modo especial al tema del transporte, norte de su actividad.

La simplicidad aparente de la idea de la Ciudad Lineal responde a una realidad más compleja, en que Soria desarrolló y dio forma a todo un conjunto de ideas y propuestas urbanas que se debatían por esos años en los círculos culturales y en las tertulias de Madrid. Especialmente entre los herederos de la tradición progresista de 1868, en cuyos debates se integran propuestas anteriores y conceptos nuevos.

El fuerte crecimiento demográfico y económico de las ciudades en el XIX vino a reclamar nuevos alojamientos, nuevos equipamientos y nuevos servicios; estaba relacionando los temas de la vivienda y la higiene. Ambos preocuparon a Soria, y centraron buena parte de sus reflexiones en El Progreso, donde diría: “Espero realizar la revolución higiénica. La revolución por el agua frente a la revolución por el fuego”.

El ferrocarril simbolizó la idea del progreso indefinido… fue el motor que puso en marcha el engranaje de la revolución industrial.

Frente a los proyectos urbanos que entendían la ciudad desde la idea de belleza y ornato, la Ciudad Lineal la entiende desde el tráfico y los transportes.

El siglo XIX pasó en pocos años de la diligencia al ferrocarril, que revoluciona no sólo los transportes, sino también la estructura de las redes urbanas. El ferrocarril simbolizó la idea del progreso indefinido. Símbolo de una época, fue el motor que puso en marcha el engranaje de la revolución industrial, por la movilización de las personas y los capitales que conlleva. El tren cambió la manera de vivir y de trabajar, generando una revolución que afectó a la forma urbana. En esa revolución se insertan las ideas de Soria.

El tranvía fue la versión urbana del ferrocarril. Si éste facilitó la interpelación de los principales puntos de la Península, el tranvía urbano hizo más dinámica la vida madrileña a finales del siglo XIX. La vida urbana se apoyó en ellos como medio de comunicación interior y con las periferias, haciendo de ellos un elemento de progreso.

Arturo Soria fue promotor de una línea de tranvías en centro de Madrid en los años 1870, y desde esa experiencia empresarial utilizaría el tranvía para proponer sus alternativas urbanísticas por medio de un denominado ferrocarril-tranvía que vertebraría su propuesta lineal. Ambas utilizaron los sistemas de sangre y de vapor, en espera de la implantación del tranvía eléctrico a partir de 1898.

El problema de los medios de transporte –entendidos como posibilitadores de una ciudad extensiva y relacionados con ideas generales sobre el progreso indefinido–, proporcionó a Soria la evidencia de la linealidad como malla de asentamiento de la nueva ciudad, una alternativa total, presentada y defendida como arquitectura racional de las ciudades de validez universal: “de Bruselas a Pekín y de Cádiz a San Petersburgo”, diría Soria.

Proyecto ordinario de la Ciudad Lineal alrededor de Madrid

Plano del proyecto: «Ferrocarril-Tranvía de Circunvalación a Madrid», 1892.

Con este carácter urbanístico científico o racional, la Ciudad Lineal de Soria amalgama la forma y la tecnología, y se presenta a sí misma como una estructura urbana coherente: como una ciudad racional, cuyos factores determinantes no son solo formales y expresivos, sino técnicos, económicos y sociales, tomando por ende la función residencial como punto de partida de la urbanización, y buscando sintetizar en ella naturaleza y ciudad.

Los antecedentes analizados, discutidos y madurados por Arturo Soria, darán lugar el 6 de marzo de 1882 a la alternativa radical que conocemos, en la que Soria plantea una síntesis que quiere dar solución conjunta al problema del transporte y al de la vivienda.

“Toda la teoría de la Ciudad lineal –diría Soria en 1892– se reduce a muy poca cosa, a un solo razonamiento. En vez de colocar las casas de una ciudad de cualquier modo, caprichosamente, y cavilar después el medio más adecuado de satisfacer las necesidades de la vida urbana, me parece a mí más razonable y más lógico considerar en primer término qué necesidades urbanas o de carácter municipal desea satisfacer el ciudadano, y después acomodar a tales exigencias la colocación de las casas, y lo que resulte de esta colocación de casas será la forma de la ciudad.”

“Partiendo de razonamientos sencillísimos –añadía–, se llega sin violencia a la idea de la Ciudad lineal, como forma la más perfecta de las ciudades modernas; pero si se compara la nueva con las antiguas formas, se columbran y adivinan copiosos frutos como probables y seguras resultancias de tan exigua semilla; la  mortalidad enorme de las grandes capitales, disminuida considerablemente; la locomoción, abreviada en términos de significar para todos los habitantes gran economía diaria de tiempo y de trabajo; todos los servicios municipales hechos y explotados a menos costo; todos los aspectos de la vida urbana, embellecidos y abaratados; la propiedad territorial regularizada y muy subdividida; la posibilidad de que todos, ricos y pobres, vivan en terreno y casa de su propiedad”.

Con todo ello justifica la ciudad “formada por una calle única prolongada indefinidamente” tanto por razones geométricas y orgánicas, como por ser la forma más adecuada “a los inventos característicos de este siglo”. «Este es el problema cuya solución hoy por hoy es la Ciudad Lineal”, afirma.

Llamamos Ciudad Lineal –decíamos– a dos cosas distintas: a unos ideales expresados por Soria en 1882, y a su materialización hacia 1900. Ambos son complementarios para quienes creyeron poder realizar una ciudad alternativa en ese 1900 en Madrid.

Una sola calle de 500 m. de anchura
y la longitud que fuere necesario,
tal será la ciudad del porvenir.

En ese Madrid remendado o Madrid nuevo al que se refería Soria el 6 de marzo de 1882 cuando criticaba en El Progreso las propuestas coetáneas de reforma interior y optaba por la ejecución de una nueva ciudad. “Esto último –decía– es más fácil, sencillo y económico de lo que a primera vista parece”. Antes de demostrarlo –continuaba– «dibujaremos a grandes rasgos el tipo ideal, casi perfecto, de una ciudad tal y como nosotros la concebimos. Una sola calle de 500m. de anchura y la longitud que fuere necesario, tal será la ciudad del porvenir (…) Pónganse en el centro de esta inmensa cinta ferrocarriles y tranvías, cañerías para el agua, el gas y la electricidad, estanques, jardines, y, de trecho en trecho, pequeños edificios para los diferentes servicios municipales: de incendios, de limpieza, sanidad, seguridad y otros, y quedarán resueltos de una vez casi todos los complejos problemas que engendra la vida humana de grandes masas de población. Nuestro proyecto de ciudad reúne —dice—, a las condiciones higiénicas de la vida del campo, todas las de las grandes capitales”.

Con el convencimiento de que “del problema de la locomoción derivan todos los demás de la urbanización”, la vía alternativa para materializar esa ciudad alternativa será para Soria la organización del transporte. “Resolviendo el problema de las comunicaciones — dirá– podremos hablar de la disposición física de la ciudad, que en la Ciudad Lineal resulta ser consecuencia inmediata y directa de la anterior”.

En las fechas siguientes continuaría exponiendo sus ideas, que reproduciría y desarrollaría a lo largo de 1882-1883 y materializaría a partir de 1892-1894.

“En todos los planos de las grandes poblaciones –escribe– se advierte el mismo fenómeno nueva prueba de que la forma lineal tiende a nacer en todas las partes por su  propia virtud. Las ciudades lineales serán hechas. Formarán en el mapa de España una inmensa triangulación. Nos lo dice esa fe, de antiguo conocida, que han debido sentir los apóstoles y profetas”.

En las semanas siguientes comienza sus trabajos para llevar adelante sus propósitos, aunque tarde diez o doce años en materializarlos. “Toda la teoría de la Ciudad lineal — decía Soria en 1892– se reduce a muy poca cosa”. Para ello porpone la realización de un ferrocarril, la adquisición y urbanización de unos terrrenos, luego poco a poco los distintos temas con los que la ciudad reune a la vez las características de una ciudad lineal residencial, una ciudad lineal agrícola, una ciudad lncipientemente industrial, una ciudad lineal del ocio.

En estas condiciones, la Ciudad Lineal representó un planteamiento moderno de una obra total en la que se incluyen los elementos urbanísticos y edificatorios, con otros complementarios como las artes decorativas e industriales, el arbolado y la jardinería y el paisajismo.

Entendida y defendida como arquitectura racional de las ciudades, su utopía se concreta en diferentes propuestas edilicias: desde los estudios residenciales a los equipamientos. Porque en la Ciudad Lineal madrileña hubo templos y residencias religiosas; hubo teatro, frontón, parques de diversiones, velódromo, y hasta aeropuerto; en ella se instalaron escuelas, mercados y tiendas de comestibles, así como talleres y pequeñas industrias.

Diferentes aspetos de la Ciudad Lineal: Negocios locales como la tienda de ultramarinos de Remigio Casado, la vaquería de Alonso Saavedra,  la imprenta de la Ciudad Lineal; instalaciones de recreo como el Parque de Diversiones, el Casino, el Teatro Kursaal;  comunidades educativas como el Colegio de la Madre Teresa o las Escuelas de la Sociedad de Cultura; templos como la Iglesia Parroquial de la Ciudad Lineal.

La Ciudad Lineal se proyectó activamente al exterior en exposiciones, congresos y reuniones científicas nacionales e internacionales. Ya en 1893 Soria había presentado su Sistema de Urbanización en la Exposición Universal de Chicago, así como en el Ateneo de Madrid, con la pretensión obtener respaldo público a su propuesta. En la segunda década del siglo emprendería un nuevo esfuerzo para divulgar sus teorías y sus realizaciones dentro y fuera de España, cuya actividad culminó con la presentación de la Ciudad Lineal ante la Sociedad de Naciones en 1924, y en la constitución en París de la Asociación Internacional de Ciudades Lineales, que mantuvo vivo el movimiento linealista durante medio siglo, muchos años después de muerto su fundador.

La Ciudad Lineal madrileña es hoy poco más que un recuerdo, traído a la memoria por los grabados y las fotos antiguas. Despojada de sus elementos urbanísticos y de su misma identidad urbana, se fue degradando poco a poco, cuando el abandono de unos vino a coincidir con los intereses de otros que ignoraron las normas iniciales de la propiedad linealista, y dieron vía libre a la demolición de sus edificios. Solo sobrevivió el ancho de las calles, más no su traza, pues la calle-central se convirtió en 1970 en una vía-parque de diseño trivial. La misma suerte corrió su arquitectura, cuyos edificios, usos y volúmenes nada tienen que ver con esa arquitectura racional de las ciudades de que hablaba Soria. Sin embargo su presencia ideal aún está viva, y el centenario de la muerte de su creador ha sido ocasión para recordarla en estas Jornadas de Incuna.

José Ramón Alonso Pereira
septiembre de 2020

Agradecimiento:

José Ramón Alonso Pereira, contribuye al recuerdo de Arturo Soria y Mata, con este texto de la conferencia impartida recientemente en INCUNA (Patrimonio de la Industria, Cultura y Naturaleza). Con su permiso y nuestro agradecimiento publicamos en estas fechas próximas al centenario del fallecimiento del urbanista madrileño.