Arturo Soria

Del inventor al urbanista

Luchas Grecorromanas

por | 29 marzo 2020 | Artículos | 0 Comentarios

Este artículo es una muestra de la personalidad y el sentido del humor de Arturo Soria. A la vez, nos transmite su capacidad de observación. No sólo mira y atiende al espectáculo que acontece sino que escudriña y describe a la sociedad madrileña, sus hábitos y comportamientos. Con la mirada curiosa de un estudioso enamorado de la grandeza del ser humano y al tiempo conocedor de sus flaquezas. Anima de forma constante y enérgica a la práctica del deporte desde la infancia elogiando como es habitual en él, a las instituciones educativas.

Ensalza la virtud de la sana competitividad, de la nobleza y la digna moral de quienes practican y presencian el espectáculo con imparcialidad.

Evidencia su clara preferencia por los espectáculos deportivos, especialmente los juegos olímpicos griegos en detrimento del espectáculo taurino, en el que el desenlace siempre es funesto.

Cierra el artículo con una frase dirigida a la gimnasia intelectual y al ejercicio de la voluntad, que nos recuerda la cita en latín  «mens sana in corpore sano». La búsqueda del equilibrio en definitiva y de la perfección del ser humano.

Parque de Diversiones.

Las luchas Greco-Romanas.

La Ciudad Lineal

«Revista de higiene, agricultura, ingeniería y Urbanización»

Nº456

30 de Junio 1911

Autor: Arturo Soria y Mata

Las luchas Greco-Romanas de nuestro Parque de diversiones son muy interesantes, palpita en ellas el espíritu inmortal de los helenos oscurecido por nuestra deficiente y mala educación física.

Más interesante que las luchas mismas es la observación del público que las contempla; el alma de la multitud asoma en aplausos y silbidos y aparece hermosa con gran contentamiento de los que somos optimistas, de los que tenemos fe en la virtualidad de la raza sin desconocer sus defectos.

El público ha demostrado sin la menor duda su inclinación amorosa en favor del más débil sin dejar de aplaudir el mérito del más fuerte. Esto es muy hermoso.

Pero lo más digno de nota es que en la lucha el público aprecia y premia o castiga lo más sutil de la pelea, las condiciones morales de los luchadores. Aquello que parece ajeno al programa es precisamente lo que el público distingue con observación fina y penetrante, con simultaneidad notable por lo rápida y decidida.

Lo que el público aplaude o censura con más energía es la buena o la mala educación del luchador su finura su corrección o sus groserías y desplantes; decrece un poco la energía de los aplausos y de las censuras cuando juzga la agilidad, la gracia bella con que un atleta más débil o de menos kilos se escapa de la fuerza y la vence.

En último término y con menos vigor se aplaude al más fuerte consolando al vencido con aplausos a veces más expresivos que al vencedor.

En uno de los combates se dio el caso, digno de nota, de que silbó y apostrofó al vencedor con gran violencia por haber cometido faltas de educación y aplaudió estrepitosamente al vencido que luchó con gran corrección.

La psicología de las muchedumbres, muy dignas de curiosidad siempre, denota que en el caso de las luchas greco-romanas el alma madrileña es exquisita es ateniense. Esperemos y procuremos que los beocios de las plazas de toros se interesen en todos los deportes de la educación física aunque sea con su léxico especial y característico.

LUCHADORES QUE TOMAN PARTE EN EL CAMPEONATO
De izquierda a derecha, de pie: Poirée, Max Gelhard, Rold, Grave, Reglin, Esson, Raoul de Rouen, Pickardt.
De derecha a izquierda, de pie: Deriaz, Camille le Terrasier, Tarkowsky, Saft, Hansen, Petersen, Van Rothen.
Sentados, de izquierda á derecha: Maierhanz, Grunerwald, Gaumont, Lemaire, Zarakiki, Arbitro: Mr. Piguet, Crozier, Bayard, Ferrari, Spoul Moret, Roche.

Dos cosas hemos notado en el público criticables, y en cierto grado disculpables.

En un campeonato internacional en que luchan alemanes, franceses, austriacos, italianos, serbios, armenios y un español, debiéramos ser completamente imparciales, pero lo cierto es que cuando lucha el español lleva la ventajilla de aplausos más acentuados.

También se nota que cuando un atleta silbado o censurado se retira, los espectadores por cuyo lado pasa permanecen silenciosos. Una recia musculatura y cien kilos y pico infunden cierto respetillo.

Pensemos en las escuelas al aire libre base fundamental de una buena educación física sobre la cual se construyen más fácilmente la educación intelectual y la educación moral.

Las luchas greco-romanas más que espectáculos entretenidos son lecciones de educación física.

Las observaciones que nos han sugerido se apoyan en la sinceridad de las manifestaciones del público porque es ya muy sabido que la claque no funciona en ningún espectáculo de la Ciudad Lineal.

Hay que ser fuertes por el músculo, por la gimnasia intelectual, por la educación de la voluntad, que todas estas energías no bastan a contener la ola de grosería que amenaza convertirnos en bestias.

Arturo Soria

Emile Vervet
Luchador francés que obtuvo grandes éxitos en la Ciudad Lineal.

Foto: Mundo Gráfico

El suizo Maurice Deriaz (o De Riaz)
Campeón en 1911 y 1912.

Foto: Mundo Gráfico

El luchador español Javier Ochoa y el suizo Deriaz  se disputaron el campeonato del mundo de lucha greco-romana en el Parque de la Ciudad Lineal, el 28 de Agosto de 1912, ganando el segunto después de 59 minutos de lucha.

Foto: Mundo Gráfico

En el parque de diversiones de la Ciudad Lineal, existió un teatro llamado Kursaal, en el que se realizaban gran número de actos sociales, representaciones teatrales, variedades, espectáculos deportivos, recitales o entrega de premios de diversos concursos. El término Kursaal proviene de las palabras alemanas Kur (‘cura’) y Saal (‘sala, salón’) y significa por tanto etimológicamente ‘sala de curas’. Un Kursaal o Kurhaus era un elemento arquitectónico típico de los balnearios decimonónicos centroeuropeos, tratándose de un edificio multifuncional, centro de su vida social, y usualmente unido a los casinos de juegos.

Tal y como desarrollan Ricardo Márquez, Ángel Caldito y José Manuel Seseña en este enlace de su blog: Historias Matritenses:

«La Sociedad de Espectáculos de la Ciudad Lineal fue fundada en Noviembre de 1902, con el fin de construir y explotar: un teatro, biblioteca pública, café, restaurante, billares, una plaza de toros y organizar ejercicios gimnásticos, concursos de carreras, saltos, juegos de pelota,….. Su presidente honorario era D. Arturo Soria y el presidente ejecutivo D. Pedro Aspizúa y Beraza».

Un edificio versátil que amenizaba las jornadas estivales de los veraneantes y los residentes de la Ciudad Lineal. Tal y como muestran las fotografías que reproducimos de la prensa del momento, como Mundo Gráfico, o en diversos números de la propia Revista Ciudad Lineal que ilustran a partir de 1911 algunos de esos encuentros deportivos, que fueron ganando mucho prestigio, hasta el punto de la celebración de campeonatos mundiales de Lucha Greco-Romana de la Ciudad Lineal entre 1911 y 1913, organizados por el ‘Heraldo de Madrid’ y la sociedad ‘La Culture Physique’ de Paris.

Así por ejemplo, la cantante de zarzuela y estrella del momento, Julita Fons, aprovechó su asistencia al evento para realizar un divertido foto-reportaje junto al campeón de lucha Grecorromana Maurice Deriaz.

Uno de los fundamentos de la vida de los moradores de la Ciudad Lineal era fomentar el ejercicio físico, así como los valores intelectuales que estás disciplinas aportan al ser humano, siempre en pos de hacernos mejores, más saludables, más completos.

La cantante de zarzuela Julita Fons, protagonista de un foto-reportaje junto al campeón Maurice Deriaz en las páginas 28 y 29 de la revista Nuevo Mundo del 5/9/1912.

Maurice Deriaz

1885 -1974

Nacido en Baulmes (Suiza) Maurice fue un levantador de pesas y culturista suizo famoso en la Europa de los primeros años del siglo XX. Su cuello medía 48cm, su pecho 122cm y sus bíceps 43cm. Hablaba inglés, alemán y ruso con fluidez y actuó en toda Europa triunfando por sus hazañas de levantamiento de pesas, sus impresionantes habilidades gimnásticas, por su poderío físico en sus combates como luchador y su civilizada brutalidad. Llamado «Le lion suisse», «Rey de la belleza plástica» o «El Brazo más bello del mundo»  fue uno de los modelos masculinos preferidos del pintor Gustave Courtois, que lo retrató en varias de sus obras.

Cuando su carrera terminó, adquirió una fábrica que producía oboes, clarinetes y saxofones. Finalmente regresó a vivir a Baulmes, donde murió en el verano de 1974.

Fuente:
Godsandfoolishgrandeur

Julita Fons

1882 -1973

Nacida en Sevilla recibe una esmerada educación por parte de su padre, director de la Escuela de Magisterio de Sevilla. Con 8 años su familia se translada a Madrid, destacando no sólo por su belleza sino por su voz bien timbrada. Debuta como corista en el Apolo de Madrid pero pronto se hace popular interpretando diversas operetas, género en el que fue considerada como su verdadera musa. En 1903 se integró en la compañía de Casimiro Ortas y llegó a convertirse en la máxima estrella del Teatro Eslava de Madrid. A partir de 1910 llega a su cénit tras su interpretación en La Corte del Faraón, resultando una de las obras más completas del género chico.

Con el declive del género chico, Julia Fons se retiró de los escenarios en 1927, en París, para caer en el olvido y vivir sus últimos años en el anonimato de una portería de la calle Atocha de Madrid.

Fuente:
Real Academia de la Historia

Javier Ochoa Berastegui

1885 -1949

Natural de Urdiain (Navarra), nacido en 1885, fue un forzudo fuera de serie que trabajó en las minas de la margen izquierda de Bizkaia, en la construcción del ferrocarril de Plazaola y en las minas de Goizueta. Como tantos otros vascos y navarros, emigró a Argentina, en dónde el irunés Juan Barrenechea le animó a participar en la lucha grecorromana. En 1912, Javier Ochoa viajó de Buenos Aires a Madrid, participando en el Campeonato del Mundo de Ciudad Lineal. Su incursión en este deporte no pudo ser más prometedora: quedó subcampeón mundial. Un año después consiguió la medalla de oro. Durante 20 años «El león de Navarra» salió victorioso en un total de 1.500 combates; sólo perdió en 8 ocasiones.

Fuente:
«Mil nuevas noticias insólitas del país de los vascos»
Iñaki Egaña.