Ciudad Lineal

Más que un concepto urbanístico, un estilo de vida

Día del árbol y de la poesía

por | 20 marzo 2020 | Fiesta del Árbol | 0 Comentarios

De las efemérides internacionales que se celebran cada año, dos se pueden destacar del 21 de marzo con respecto a la Ciudad Lineal, pues es a la par Día del Árbol y Día de la Poesía. Y en relación, sobre todo a esto último, cabe mencionar que se cumplen también en la presente fecha cinco años del fallecimiento de Moncho Alpuente.

Polivalente escritor, destacado periodista satírico y cronista oficioso (como se le solía calificar) de Madrid, y en especial de la célebre Movida, varias fueron las menciones de Moncho Alpuente a la Ciudad Lineal, y a la misma dedicó, por ejemplo, un melancólico artículo en El País el 13 de octubre de 1985, bajo el escueto título de ‘Arturo Soria’, que empieza así:

Sólo los viejos árboles, milagrosamente salvos, que ocupan el centro del bulevar guardan fidelidad a don Arturo Soria, mentor de esta avenida, eje central de una utopía llamada, Ciudad Lineal, mucho antes de que la ciudad fuera rodeada por un cinturón de chalés adosados, burda parodia a escala reducida de lo que sin duda fue el proyecto urbanístico más avanzado de su época”.

Aún y a duras penas sobreviven muchos de esos árboles, árboles a cuya sombra, si todo va bien con la actual situación, podrán en pocos días los madrileños ponerse de nuevo a resguardo de un sol primaveral para disfrutar del aire fresco, pero queden asimismo como homenaje y recordatorio del talento de Moncho Alpuente, junto con el mencionado artículo, estos otros versos adjuntos, dedicados por él de igual manera a la Ciudad Lineal y sacados del informativo quincenal de la Villa de Madrid del 1 de diciembre de 1982:

Hace cien años que tuvo
Arturo Soria la idea
de una ciudad diferente
basada en la linea recta.

Una ciudad de una calle
y en las aceras opuestas
la gloría de los jardines
y el esplendor de las huertas.

Una ciudad para el pueblo
que ha sabido mercería,
una ciudad que no quiera
parecerse a las colmenas.

Ciudad donde viva el hombre
en contacto con la tierra
y respete el equilibrio
de madre naturaleza.

Pero esta ciudad no tuvo
quien pudiera defenderla
cuando la humana codicia
clavó sus dientes en ella.

De las espaciosas villas
y las discretas viviendas,
de los hoteles amables
y las risueñas glorietas.

No queda sino el recuerdo,
la confusa silueta
de los escombros y el cardo
que se asoma entre las grietas.

La lucha no ha terminado,
solitarios centinelas
conservan sus posiciones
frente al alud de piquetas.

 

Y en los solares se pudren
las desnudas osamentas
de aquellas casas que fueron
desahuciadas por la fuerza.

En su lugar se levantan
las verticales blasfemias
que hacia los cielos escupen
su desquiciada soberbia.

El sueño de Arturo Soria
se ha convertido en quimera:
el hormigón y el asfalto
prosiguen con su tarea.

Metro a metro se resisten
en la desigual contienda
los habitantes antiguos
contra las murallas nuevas.

Vecinos de estos contornos,
no dejéis piedra con piedra,
que los muros que construyen
vuelvan de nuevo a la tierra.

Que el bosque se ponga en marcha,
que Macbeth y su ralea
tiemblen al ver sus palacios
dominio de la maleza.

Lo que los hombres hicieron
que lo devore la hiedra:
torres más altas cayeron
y hoy las oculta la selva.

Moncho Alpuente