Arturo Soria

Del inventor al urbanista

28 de Enero 2020 | Día Mundial de la reducción de emisiones de CO2

28 enero 2020 | Artículos | 0 Comentarios

Extracto de la conferencia dada

en el Fomento de las Artes,
por Don Arturo Soria y Mata,
el día 13 de enero de 1894
acerca de su sistema de urbanización
(Compañía Madrileña de Urbanización).

El aire no es una necesidad de la vida urbana propiamente dicha, sino de la vida del hombre en general; mas como las ciudades modernas, al amontonar en reducido espacio. á modo de rebaño, centenares de miles de seres humanos y de casas, dificultan las funciones bienhechoras de la atmósfera y de la luz solar, limitan la cantidad de aire puro necesaria á los pulmones y lo envenenan con toda suerte de pestilencias y contagios hasta un punto increíble y monstruoso; como de esta monstruosidad, verdadera aberración de la humanidad. civilizada, contraria á las leyes eternas de la naturaleza, nacen las principales causas de la enorme mortalidad de las grandes capitales,

 

forzoso es que consideremos la necesidad del aire como preferente, y proclamemos la repartición equitativa de la atmósfera, el derecho al aire puro como el primero de los derechos individuales; y como hasta ahora no se ha fijado la atención de un modo decisivo en la relación indudable que existe entre el aumento de la mortalidad y la forma de la ciudad, preciso es que nos detengamos á considerar qué disposición han de tener entre sí las manzanas y las casas de una ciudad, para que la necesidad preferente del aire puro quede cumplidamente, satisfecha, sin que por ello sufra menoscabo la vida social ó civilizada…

 

Extracto de la conferencia dada

en el Fomento de las Artes,
por Don Arturo Soria y Mata,
el día 13 de enero de 1894
acerca de su sistema de urbanización
(Compañía Madrileña de Urbanización)

El aire no es una necesidad de la vida urbana propiamente dicha, sino de la vida del hombre en general; mas como las ciudades modernas, al amontonar en reducido espacio. á modo de rebaño, centenares de miles de seres humanos y de casas, dificultan las funciones bienhechoras de la atmósfera y de la luz solar, limitan la cantidad de aire puro necesaria á los pulmones y lo envenenan con toda suerte de pestilencias y contagios hasta un punto increíble y monstruoso; como de esta monstruosidad, verdadera aberración de la humanidad. civilizada, contraria á las leyes eternas de la naturaleza, nacen las principales causas de la enorme mortalidad de las grandes capitales, forzoso es que consideremos la necesidad del aire como preferente, y proclamemos la repartición equitativa de la atmósfera, el derecho al aire puro como el primero de los derechos individuales; y como hasta ahora no se ha fijado la atención de un modo decisivo en la relación indudable que existe entre el aumento de la mortalidad y la forma de la ciudad, preciso es que nos detengamos á considerar qué disposición han de tener entre sí las manzanas y las casas de una ciudad, para que la necesidad preferente del aire puro quede cumplidamente, satisfecha, sin que por ello sufra menoscabo la vida social ó civilizada…